Morir por un destino adverso

23 octubre, 2010 at 22:57 (Sin categoría)

Cada quien hace
y lleva dentro de si
su propio infierno,
sin necesidad de morir
Para ir allá.

Vanesa, vestida de tentación y actitud provocadora, acudió a la fiesta buscando divertirse y solo encontró el principio de su desgracia.

Llegó como a las 10:00 p.m. llamando la atención de todos, enfundada en ese vestido rojo que demostró que de aquella niña tímida de cuerpo esbelto, solo quedaba la ingenuidad e inocencia. Había perdido la mirada y el andar infantil, pero a cambio adquirió la sensualidad de mujer coqueta que marcó su destino.

Platicó y bailó con todos, antes de perder entre, copa y copa de tequila, la inhibición que la condujo a los brazos ansiosos de sus amigos, quienes le arrebataron su virginidad dolorosa, y solo dejaron frustración y arrepentimiento en la mujer que despertó desnuda, adolorida y sucia por los fluidos sexuales de aquellos inexpertos amantes.

Esperaba entregarse en brazos de un príncipe que la recibiría gustosa, y sin embargo solo la recibió el silencio y frió del cuarto de un hotel de paso. Se vistió sin ganas, atormentada por el viento helado de madrugada que entraba por la ventana abierta; sintió odio y desprecio por todos y por sí misma; maldijo su soledad y condición de mujer necesitada de afecto, cuya inmadurez la orilló a buscar amor donde no lo encontraría nunca.

Caminó errante hacia su casa, deseando morir sin llegar a su destino, atrás dejó sus sueños, que se perdieron entre la música estruendosa, el alcohol y la oscuridad de aquel cuarto de hotel, mudo cómplice de la iniquidad de la que fue objeto. A cada paso, llegaban a su memoria, instantes de un mundo feliz en el que le hubiera gustado vivir y que ahora era ya imposible hacerlo; veía alejarse sus anhelos, antes claros, ahora borrosos, confundidos con las imágenes desagradables que recordaba, desnuda y alcoholizada en brazos de personas sin rostro que saciaban en ella sus instintos más viles, como animales en celo. Sintió asco, de su aliento fétido, de su piel nauseabunda, manchada y marcada para siempre por las repugnantes caricias que ahora, bajo el chorro frió de la regadera, trataba de borrar y de olvidar.

Cuando el cansancio fue mayor que su odio, se quedó dormida, confiando que, al despertar, la pesadilla también habría terminado; pero no fue así, nadie le advirtió jamás que su mundo color rosa era irreal y que la vida no es un cuento de príncipes y princesas con finales felices.

No volvió a abandonar su habitación, ni respondió a las preguntas que sus padres le hacían para conocer el origen de su desdicha. Se encerró en su infierno, con la conciencia atormentada por demonios que adquirían cuerpo y rostros conocidos y que uno a uno sobre su cuerpo virgen la hacían sentir el suplicio de un destino inmerecido.

Tres meses después le puso fin a su existencia, murió sin sangre en las venas, por las cuales, al igual que los sueños, la vida se le escapó, a ella y al pequeño ser que de sus entrañas se alimentaba.

AHE

Permalink Dejar un comentario