Soledad y realidad

18 enero, 2012 at 20:22 (literatura)

Photo by :Adriano Agulló

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Sofocado por el tedio me encuentro aquí, cargando con mi infierno individual, ese lugar imaginario que ella moldeó para mí, y que yo ayudé a construir poco a poco, con mis silencios y sus miedos, con sus desvaríos y mis reproches, con esa rabia amarga que de forma frecuente me solía mostrar, con mis continuas ausencias, mi presente indiferencia y mi olvido tan cercano; supongo que lo que terminó por alejarme fue su falta de memoria, sus mitomanias inquisidoras en busca de verdades inverosímiles que justificaran su accionar, así era ella creando subterfugios como vía de escape, era su forma evasiva de enfrentar nuestra realidad, de no aceptar el daño y flagelarse en el dolor.

Ahora que ella ya no está lo que me preocupa no es salir de aquí, lo que en verdad me inquieta es el hecho de no querer hacerlo, y quedarme para siempre en este infierno, algunas veces colectivo otras tantas individual, que algunos simplemente llaman… soledad.

AHE

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Me equivoqué

12 enero, 2012 at 14:55 (Sin categoría)

Te miro a lo lejos y no puedo hablarte.

Intento hablarte, sin mirarte a los ojos,

las palabras sobran, solo quiero amarte.

Intento amarte besando tus labios rojos.

 

No conozco nada de ti, más que importa

he esperado por ti una vida completa,

busqué por todas partes, hasta que toqué a tu puerta

¡creí que al fin mi loca carrera llegaba a su meta!

 

Más sin embargo me equivoqué

buscaba respuestas que nunca encontré.

Necesitaba amor que nunca me diste,

de ti solo obtuve dolor, el día que te fuiste.

 

Pensé que siempre estaríamos juntos

tal y como algún día lo prometiste.

Hoy sé que pertenecemos a distintos mundos

yo quería vivir el amor, tú solo divertirte.

 

Todo acabó, no busco un cómo, ni un porqué,

hoy sé que mi error fue idealizarte

inventé virtudes y cualidades que de ti no formaban parte,

te entregué mi vida entera. Hoy sé que me equivoqué.

 

 

Photo By: danaScobar

 

 

 

 

 

 

 

 

Photo By: danaScobar

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AHE

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Crónica de un (in)feliz cumpleaños

3 enero, 2012 at 15:36 (Sin categoría)

♫♫ No vale andar tan solo por la vida,

 sin buscar una salida que me lleve a un nuevo amor…

ni vale recordar tristes momentos

ni dejar que el pensamiento me maltrate el corazón.

Tengo que olvidar, tengo que olvidar…

de una buena vez, ni antes ni después

volver a empezar. ♫♫

Súbitamente en medio de mi noche fría y tranquila, mis ojos se volvieron lluvia, cuando escuché en la radio aquella canción. No nuestra canción (porque no hubo tiempo para ello) sino aquella con la que recuerdo una despedida. No sé si lloré y si lo hice  tampoco sé por cuanto tiempo, supongo que fue toda la noche, mis sollozos débiles imagino,  fueron entonces los únicos sonidos que pronuncié aquella “noche triste”. Aunque tal pareciera que aun lloro por dentro, en mí corazón, (si es que aun me queda uno). Cuando por fin la tristeza tuvo un poco de consuelo y yo un poco de paz, me quedé dormido, fue un sueño corto pero reconfortante. Mi subconsciente me hizo revivir de nuevo, la noche en que nos conocimos.

Hasta entonces había sido un día común, excepto por el hecho de que era mi cumpleaños, día en el cuál había cumplido con ciertos ritos, por llamarles de alguna manera, que llevaba a cabo cada año en ese día de diciembre. Uno de ellos era dar una larga caminata a solas por la ciudad, acompañado solo por mis pensamientos, era un ejercicio de reflexión e introspección en el que analizaba mi vida en ese año transcurrido, buscando algo que me hiciera continuar adelante por otro año más al menos. El otro rito consistía en entrar a una librería cualquiera, comprar un libro al azar que esa misma noche leería y después regalaría sin dedicatoria a la primera persona que me felicitó en mi cumpleaños. El tercero no lo llevaría a cabo, no tenía ánimos para hacerlo, era siempre el que más trabajo me costaba, aquel al que mi soledad me obligaba y que consistía en salir a comprar amor, pagar por los besos y caricias de una desconocida. Antes, siempre lo había hecho acompañado de un amigo, hasta esa noche en que, precisamente me encontraba solo, sin amigos.

Estaba en mi habitación terminando de leer el libro que esa tarde compré (“los esclavos” de Alberto Chimal) que fue una recomendación del taciturno señor que atendía esa librería. Cuando de pronto ocurrió. En medio de la tranquilidad de la noche de aquel 10 de diciembre, comenzó a temblar, fue un movimiento brusco que me puso alerta, y me hizo salir de casa. El temor natural que se siente cuando vives en el cuarto piso de un edificio de departamentos, hace que salgas huyendo. Era una noche tibia, extraña para esa época del año, sin embargo, siendo aun temprano, decidí buscarte. Me conecté al Messenger con la esperanza de que estuvieras ahí… y estabas. Después de un rato de charla virtual, me preguntaste si deseaba conocerte. Luego de pensarlo un poco, accedí. Apunté tu dirección y me dirigí a tu “caza”. Lo hice a pie y no en un taxi como me habías pedido, deambulé un poco por esas calles oscuras y desconocidas, reordenando mis ideas y alejando mis temores. Por fin, después de una larga caminata, di con tu calle, y unos pasos más adelante con tu dirección, o al menos la que me habías dado (más tarde comprobaría que me diste un número equivocado). Toqué en aquella casa y pregunté por ti, la voz dura de la mujer que me respondió no era la tuya y me desanimó, le dije que buscaba a cierta persona y entonces dije tu nombre. La misma voz me respondió que allí no vivía ninguna Mónica.  Me disculpé con voz torpe, y encaminé mis pasos buscando alejarme lo más pronto posible.

No estaba desilusionado, era algo que había esperado, uno de los muchos escenarios posibles que en mi mente había recreado. Me dirigí hacía la esquina más cercana buscando regresar a casa, cuando de pronto te vi, más producto de la casualidad que del destino, aun lo pienso todavía, me acerqué y te saludé, me respondiste con una sonrisa, entonces me invitaste a cenar y acepté. Lo que hablamos esa noche no tiene caso recordarlo, no fue nada extraordinario. Lo único que saltó a mi vista y que nunca había notado hasta ese día, era lo bella que eres. — ¡Oh Dios mío! ¡Qué hermosa es! — Recuerdo haber pensado.

Fue la única vez que nos vimos, no volviste a hablarme después de aquella noche, no respondiste mis mensajes, ni devolviste las llamadas. Tampoco volvimos a comunicarnos por las muchas redes sociales que abundan en Internet, y yo no tuve valor para buscarte de nuevo en tu casa. Todo me quedó claro y lo acepté, entendí que esto no fue más que una simple y vana ilusión y que yo como tal, no cumplí con tus expectativas.

No es eso lo que me dejó triste, es tu actitud contradictoria, eres una mujer misteriosa, ocultas algo, me cuentas mentiras que intentan sepultar verdades que saltan a la vista. Eres amable y a la vez indiferente, cálida y fría. El hecho es: ¿por qué darme esperanzas de ti, si no estabas dispuesta a dejarme entrar a tu vida? ¿Por qué planear una segunda cita que hasta hoy espero?

Lo mejor habría sido ser cortante y fría desde el principio, para que enseñar a volar a quien jamás tuvo alas. Eso lo habría entendido y aceptado, era algo para lo que estaba preparado. Uno ha aprendido a andar por ahí, con el corazón roto y cargando una soledad injusta o no, no lo sé, pero soportable a fin de cuentas, esto es un estado natural para mí, en él, encuentro algo que podría llamar felicidad, tan bondadoso es, que de vez en cuando, me brinda inspiración que alimenta mi vicio de escribir, incomprendido para muchos, pero sin el cual, estoy seguro que me sería difícil vivir.

No te pude conocer bien, tan poco tú a mí y es algo que lamento. Es una pena que te cierres y no permitas a los demás que conozcan a la persona especial que hay en ti. Ignoro que pasó en tu vida, ¿por qué ese temor de dejarme ver tu corazón y tu alma? Si es tu caso, no busques quién repare las heridas de tu corazón partido, busca alguien que te enseñe a amar con cada uno de los pedazos rotos.

Incluso si ese alguien…  no soy yo.

AHE

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