Poesía intacta y madrugadas rotas.

17 septiembre, 2014 at 0:08 (Escribiendo)

“En el laberinto de un poema, bajo la sombra de un silencio que se queda, te he buscado sin saber porqué”…

A veces me duermo leyendo poesía en voz baja, en medio de un silencio que no escucha y me da la espalda. En ese momento callado vuelves a mí, como un recuerdo que guardo y al que solamente acudo cuando tengo ganas de sentirme de nuevo feliz, esa reminiscencia indispensable se parece tanto a ti; y te recuerdo dormida, así sutil, así rendida; tan pronto comenzaba a susurrar a tu oído los primeros versos, las primeras palabras, mientras te desvanecías en un sueño que siempre deseé me encontrarás ahí. Quizás sigo haciendo ese ritual por costumbre aunque no disfrute tanto la poesía desde que ya no estás aquí, pero lo repito cada noche, tal vez porque confío en que el silencio me escuche y como siempre, apiadándose de mí, me regale otro recuerdo o algún sueño con tu nombre, y te eternice de nuevo, lejos de esa soledad a la que me condeno al saberte perdida y sin esperanzas visibles de encontrarte en este corazón que fue también hogar para ti.

Pero de repente vuelvo a lo habitual, a la rutina de naufragar a ciegas buscando un amor que no vendrá, y entonces la oscuridad que reina y a mi sombra segrega, junto con esas infinitas ansias de dejarlo todo y volver a ser aquel que fui, hombre sin poemas, sin letras que intentaran descifrar aquello que nunca entendí, hombre que amaba tanto y no tenía manera de expresarlo a menos que todo fluyera dentro de un abrazo, así espontáneo, cerrando los ojos y afirmando que, poesía contigo, era compartir cada latido y vivirlo en ese instante donde ahogábamos distancias enteras, silencios que parecerían barreras sino supieras que te guardaba ahí. Y es que es tan difícil argumentar olvido cuando aquí no dejaste vacíos ni siquiera rendijas por las que pudieras escapar, ni malos momentos o, ¿será que mi memoria selectiva juega a tu favor y magnífica todo lo bello dejando que detrás de tu recuerdo solo quede luz? Supongo eso es a lo que llaman amor eterno, eso intangible que no podemos poseer y ni la memoria basta para contenerlo por eso fluye libre y a veces lejos, tan lejos que no hay mirada que lo pueda sostener.

Y podría volver a vivirlo todo, aún sabiendo cómo terminará, yo leyendo poemas a la nostalgia como una extraña sombra compañera que una vez acostumbrado a ella no parece tan mala como la soledad, pero sobre todas esas malas consejeras prefiero tu risa, o esas ganas inmensas de que interrumpas mi introspección, y a besos contengas este torrente de letras que fluyen de la nada y a ningún lugar me llevan, al menos no a aquellos a los que quisiera llevarte, un bar de mala muerte, con música ajena al amor, un café antiguo de esos a los que nadie frecuenta para no perturbar a las sombras del pasado que siguen buscando perdón. O caminar contigo por las calles tan bien conocidas de esa ciudad que solo transito porque guarda cada paso de nuestra juventud. Y aunque sé muy bien que todo me conduce a la nada, quisiera por un momento volver a casa convencido de que tu recuerdo anclado en el viento quedó, pero ya es otoño y las hojas cayendo me recuerdan que todo tiene un ciclo, y que es en vano contener al olvido cuando hace tiempo el desamor a las letras borró.

Septiembre llega y también pasará, otra madrugada me espera garabateando letras en una habitación que ya no es mía, cuando todo quedó copado por tu olor, o aún más por los ecos de un «te amo, gracias por la poesía, amor». Mientras tanto, uno sigue escribiendo sin saber bien porque razón, los desconocidos nos llamarán poetas, pero solo somos esos solitarios que se desprenden de ecos de un tiempo muerto que para nosotros debe ser como decir adiós. Aunque ese adiós queda postergado siempre para un momento indicado, porque decías que hacer las cosas por inercia nos hace pesada el alma y evita que hagamos lo que se ama, quizás por eso es ahora tan difícil sonreír ante este espejo que ya no es tu mirada y que no devuelve más que la misma mueca repetida de un corazón que te extraña con la nostalgia rota y la madrugada intacta porque ningún sueño con tu nombre esta vez la perturbó.

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Laura Hancock 3
Imagen: Jaci Berkopec
Tomada de: http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=3811906

(“Tú que sabes como es el infinito no sueltes aun mi mano, quiero experimentar que sienten los enamorados cuando deciden un camino recorrer”).

AHE

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