Ella.

23 mayo, 2016 at 21:20 (literatura)

(Ella) podría ser una palabra inexistente que la defina.

La llamaría amor pero es más grande que eso,

ese sentimiento tan común para explicar

porque el corazón late de forma diferente.

Pero no es amor,

porque no duele aunque por dentro mata,

porque no da vida pero tampoco me la quita.

 

(Ella) podría ser una estación en mi cama,

y contener la forma de mi sexo.

De primavera a primavera.

Yo dentro de ella esculpiendo un poema.

Podría ser estación pero no lo es,

Quiere ser solo pasajera,

mirando a donde el destino me lleva.

De ser estación sería un otoño que florece,

en mi alma hecha de invierno

aunque su amor la incendia.

 

Podría también ser una nota entre mis manos,

pero aunque es música no podría ser

una de las canciones de moda sonando en la radio.

Porque es una sinfonía de gemidos

para escuchar por un siempre,

cuando entre sus piernas me olvido de morir sin ella.

 

 

Si ella quisiera ser; sería.

No alcanzaría toda la poesía del mundo

para determinar en qué versos cabría más

o en cuáles menos.

Por hoy la leo,

por hoy la escribo,

y la sigo llamando,

(al tenerla entre mis brazos)

 

«mía».

 

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Imagen de: Kainr  tomada de: http://www.everystockphoto.com

 

 

 

 

 

 

 

 

AHE.

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Ella.

18 enero, 2015 at 0:49 (Escribiendo, literatura)

Ella traza con el humo del cigarro su silueta sin mi nombre, buscándome en el aire, como aliento que le falta.

Es verdad, el amor acaba, la soledad se queda a acompañar.

Ella se diluye como alcohol que resbala por su garganta, perdiendo su memoria en mi memoria.

Es verdad que el amor duele porque la nostalgia se queda a castigar.

Ella sabe de sus vicios, como supo también de mis vacíos y aún así decidió continuar, pensaba que algún día entre mi intermitencia moriría y así fue, de verdad.

El amor a veces falta, pero la ausencia no, ella siempre está.

Ahora Ella nada entre silencios diferentes, recordando lo que duele, sabe que los miedos son su peor herida. Pero nunca supo si fue el deseo su mejor mentira o mi amor su peor verdad.

Ella busca cada noche, entre cada sombra el atisbo de un regreso que no sucederá, en vano se acostumbra ahora a los silencios, silencios que cuando estuve yo, fueron más bien trincheras entre su destrucción pasiva y mi anhelo de querer de ella cuidar.

Ella no lo sabe ahora, pero somos raíz de la misma soledad. Nada florece entre amores pasajeros, Ella que siempre fue nómada y yo cansado estaba de ir de aquí a allá, dando tumbos por la vida, siempre a destiempo, siempre tan fugaz.

Y puedo escribir esto de Ella, aún sin mirarla, aún sin estar; agobiada de rutinas, de esperar por una sonrisa diluida, por que siempre supe que no era yo el hombre que curaría heridas en las que no pudiera pernoctar.

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Smoke

Photo by: ana_labate

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AHE

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De amor y letras.

29 junio, 2014 at 22:43 (literatura)

Desde que la poesía la escribe ella,

es más fácil encontrarla entre las letras, 

y aunque me guste tanto leerla, 

no la prefiero ni como musa ni poeta, 

la prefiero y la requiero aquí entre mis brazos,

donde pudiendo ser todo y tanto,

elige ser mujer y se entrega sin pensarlo,

aunque yo más bien de escribir no sepa nada

y de abrazar me tenga que enseñar de vez en cuando

a soltar para no hacerme dependiente de sus labios.

 

Y sé que cuando me besa y me descubre

mientras escarba con su lengua entre mi boca,

y en cada uno de esos besos me voy dando cuenta

que ya no sé ser sino es estando dentro de ella.

 

Entonces despierto mientras la noche acaba.

Y antes de que sea mañana nos descubriremos siendo nada,

y entenderemos que la condición de ser solo sueños,

no sirve de mucho cuando nos entendemos como parte de un destino

que nos quiere más reales y menos dispersos,

que nos sepa tangibles y vea en nosotros la esperanza

de mantener por siempre un amor eterno,

lejos de las rarezas de estos tiempos,

que pareciera solo existen en los libros o en los cuentos.

 

Pero siendo ella musa y yo ¿poeta?

Nos preguntaremos cada cierto tiempo,

si seguiremos siempre juntos a pesar del desgaste

de la inspiración y de las letras,

si sacrificaremos libertad a cambio de entregarnos cada noche,

en ese danza con la oscuridad de nuestros cuerpos.

Si eso que todos llaman amor o solo deseo,

sea suficiente motivo para regresar cuando estemos lejos

y los caminos sin nosotros se hayan borrado

o no quede nada más que el recuerdo de saber que fuimos historia

en una época donde todos los demás eran inciertos.

 

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 Between the Lines

Photo by: At~A~Glance

Tomada de: http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=312727

 

AHE

 

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No supe si se llamaba amor.

1 mayo, 2014 at 23:25 (literatura)

Supongo se llamaba amor a esa manía tuya de contagiarme con tus gustos. Supongo nos faltaba tener algo en común que nos hiciera buscarnos sin agotar los caminos de la complicidad y el cariño por pertenecernos, porque a fuerza de estar juntos fingí acostumbrarme a todo; a tus canciones banales que pretendían hacernos creer que el amor se podía reflejar en ellas, a las idas al cine para vivir historias que como amores ocasionales no podíamos darnos, a las lecturas sin sentido, la poesía tan falta de brillo, donde tú fingías escuchar con placer los libros y poemas que te leía. Impregnada de tus gustos por la literatura barata me fue imposible quitarte de la cabeza a los libros de Coelho y tantos otros escritores para masas huecas.

               Supongo fue que entonces recaí en la ambigüedad de buscarte en el deseo, en ese intento estéril y peligroso de intercambiar amor por sexo. Supongo no fui yo el que te orilló al final a alejarte. Sostengo fuiste tú la que tardó en darse cuenta de que el enamoramiento por si solo es insostenible cuando no se comparten otras tantas afinidades. Entonces el silencio llegó a tiempo a salvarnos, a ti de mí y a mí de ese deseo irrefrenable de confundir amor en la retórica del sexo sin hambre.

               Dijiste entonces el amor no es para mí, y yo no hice nada para contrariarte. Entonces te di dos consejos, no sin antes hacerte mía como última despedida para que te llevarás en el cuerpo la configuración de tus orgasmos tras a mí entregarte. Te dije nunca le pidas a alguien que te lea poesía si no quieres enamorarte. Tampoco te dediques a alguien como musa, a menos que estés dispuesta a desangrarte de melancolía cuando se acabe todo lo que los hacía quedarse.

 

Porque incluso antes de ti, yo ya sabía del daño de dedicar letras a quien solo quieres como amante.

 

 

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Tango in black
photo by: zabara_tango
tomada de: http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=2277936

 

 

                                                                                                                                           AHE

 

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Lugares de la memoria.

13 febrero, 2014 at 2:13 (literatura)

A veces duele pensar que éstos lugares donde solíamos situar nuestra historia, ya no nos verán pasar juntos jamás, duele saber que debo olvidarlos por obligación, por necesidad del corazón. Lugares que se construyen con cada paso, y se vuelven ruinas, polvo o cenizas, cuando no se dejan huellas que nos hagan regresar a ellos.  Ciudades que no se viven si no es compartiéndolas con la compañía de un amor, que le de una nueva perspectiva al sentido de habitar y así descubrirse completos en medio del bullicio o del silencio, siendo parte de la crónica de un espacio y tiempo que coinciden, y sitúan un punto de esa historia particular en nuestro pequeño universo. Son esas historias, coincidencias o recuerdos, los que vuelven luminosa o gris a toda ciudad que aunque ya no estemos en ella, la llevaremos siempre presente en la memoria.

¿Y qué pasa con esos lugares dispuestos muchos años antes de que nosotros existiéramos? Escenarios inventados expresamente para el amor, ¿Qué sucede cuando sobreviene lo contrario y el amor no perdura? Duele imaginar que justo ahora, en alguna ciudad, distante o cercana, hay un café que nos espera y que nunca nos verá llegar, sentarnos ahí por unas horas, charlar de cualquier cosa, reír y  llorar de felicidad al ocurrir en un beso que quizás a nosotros no nos diga tanto o nos haga sentir más enamorados, pero que marcará un vestigio en nuestro tiempo y que, muchos años después, nos haga volver con tan solo cerrar los ojos.

Es triste imaginar que son paisajes que se perderán en el olvido del tiempo, que nuestra  imaginación no podrá hacerlos subsistir ni siquiera en los recuerdos, y no podamos escribir nuestro destino en ellos. Serán entonces una escenografía que se desechará para una historia que no tendrá lugar, porque incluso ni en vidas alternas (si acaso existen) podremos contemplar.

Eso es lo que más duele, casi tanto como este amor que se pierde, esa ausencia que solo esos lugares de la memoria, podrán notar y a pesar de nosotros, permanecerán.

Imagen

Night Streets… Favorite. photo by: Tim Psych

AHE

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Amar a destiempo.

25 enero, 2014 at 0:10 (literatura)

Amar a destiempo es morir lento, es caer en la espiral extraña de sentirte cerca cuando todo de mí te aleja, girando cada vez con más fuerza, es vivir en la inexplicable sensación de sujetarte sin lograr asirme de tu corazón, de saber que soltar es la mejor forma de amar sin herirte.

Amar a destiempo es deshacerse en la espera de lo que no pasará, lacerados por el tiempo que ocurre deprisa, sin dejarnos vivir el momento, la ilusión para descubrirnos cerca coincidiendo en un destino que nos espera.

Es sabernos gritos contenidos, murmullos que se ahogan en medio de un silencio que no debería existir entre aquellos que un día se prometieron amar hasta el fin,  porque silencio en el que no se besa o no se abraza, es un silencio perdido, un instante guardado marchito, una herida que nos hará morir.

Amar a destiempo es tener las suficientes razones para huir y aun así quedarse quietos, sujetos a la esperanza débil de que un amor presente y otro que ya es pasado, puedan volver a coincidir. Es dejarse en un desierto ajeno, es desterrarse en una soledad obscena que nos castiga sin permitirnos dejar huellas para que alguien más nos encuentre ahí.

Amar a destiempo es deshacer un “nosotros”. Es quedarse solo, escribiendo un amor sin ti…

 

left with opened hands photo by: Derrick

 

AHE 

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Otra vuelta al sol para seguir compartiendo.

10 diciembre, 2013 at 23:26 (literatura)

Otra vuelta al sol y el mundo sigue girando bajo nuestros pies, en tanto uno despierta con la sensación de que nada cambia cuando todo lo hace, y el día anterior no es el mismo al de hoy. Este año particularmente, fue diferente a los anteriores. Siempre he creído que crecer no es sinónimo de sumar otro año a tu vida, pienso que se crece en la medida en que las metas se cumplen y los sueños continúan siendo uno de los motores de la vida, el amor y la amistad de las personas que amas y te aman, son los otros motivos que te impulsan a seguir. Por lo cual puedo decir, que este año ha sido de mucho crecimiento, sumé nuevos amigos a la vida, más abrazos y sonrisas y por lo mismo, me llené de más sueños individuales y compartidos.

Y si, ha sido diferente. Me he preocupado y ocupado más por vivir y me he olvidado mucho de las ataduras que condicionan el andar; lo cierto es que es difícil que cambien las prioridades en la vida, pero he puesto en práctica ciertas cosas que había ido olvidando y dejando atrás en el camino, y en este día especial para mí las quiero compartir con todos ustedes:

He buscado la manera de estar más cerca de las personas que quiero, porque no se debe dar por hecho que las personas siempre estarán aunque uno se vaya.

He procurado abrazar más y callar menos. Entenderme con palabras y miradas dejando menos de mí en los silencios.

He repartido más sonrisas y recibido más de ellas incluso de quienes menos esperaba.

He escrito y leído mucho menos, pero a cambio he vivido más para seguir escribiendo y compartiendo letras y así este ciclo siga en movimiento.

Me he guardado en el corazón a las personas que por alguna razón se han ido despidiendo, a fin de no borrarlas de los recuerdos.

He entendido que a veces uno debe darse pausas para pensar y convivir a solas y que no hay prisa por llegar, mientras se sepa lo que buscamos.

Y si en esa pausa uno levanta el vuelo, es para no parar, para no detenerse, o tal vez para finalmente hacerlo y hallar en alguien la razón para seguir creciendo.

 

Cada letra, cada espacio, cada línea, y también cada hoja en blanco, conforma a cada uno de ustedes que en este año me acompañaron y motivaron a crecer y seguir escribiendo, pese a varios intentos por darme un respiro, y en ese respiro dejar de hacerlo. A cada uno de ustedes, mi más sincero cariño y donde quiera que estén, les mando un abrazo afectuoso y les doy las gracias por seguir leyendo.

 

Otra vuelta al sol y seguimos aquí, compartiendo.

 

AHE

 

 

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De insomnios y nostalgias.

12 agosto, 2013 at 0:52 (literatura)

Lo despertó el recuerdo.

Nuevamente como ayer se descubrió pensando en ella. Se sintió extraño. Diferente. Inquieto. Se preguntó ¿por qué ahora? Después de tantos meses sin sentir nada, creía que había sabido olvidar. Ese recuerdo repentino le atormentó, porque volvían los presagios. De ella no tenía nada, no quedaba nada. Al menos estuvo seguro de ello cuando dijo adiós argumentando la falta de amor ante la compañía tan esporádica y efímera que ella solía ofrecer. Difícilmente llegaría a sentir amor por alguien así, sabía cuánto le costaba amar cuando no desarrollaba un sentido de pertenencia.

Sintió miedo. Ahora comprendía mejor el sentimiento del primer día. Había regresado. Su mal congénito. Su nostalgia intransigente que le provocaba angustia. Se creía curado de ese mal del corazón. Pero no, de nuevo había sobrevivido. Seguía latente en alguna parte de su ser a la que había dejado de acudir, pensando que sería una buena solución para olvidar.

Tomó su celular y, mirando su fotografía, pensó en llamarla, pero de inmediato desechó esa idea, no tenía caso, no sabía cuál sería su reacción al escucharlo.

Nunca supo cuánto de él había dejado en ella, a menudo se preguntó si a pesar de su intermitencia y su compañía inestable el recuerdo del amor en su corazón persistiría. Tantas eran las preguntas que de nuevo volvían, así como los ecos en su mente, esos murmullos de nostalgia que muchas veces eran una tortura en su memoria.

Estaba claro que él esperaba ese golpe de nostalgia. Solo que ésta vez había tardado más de lo acostumbrado, no sabía a ciencia cierta porque tardó tanto en llegar. El tiempo de los recuerdos es extraño y golpea inesperadamente, pero de manera inexorable, eso lo había vivido tantas veces sin lograrse acostumbrar.

Jamás estuvo consciente de que forma llegó ella a su vida. Tan repentino fue su arribo, que de pronto se descubrió compartiendo no solo una parte de su vida, sino también la noche junto a ella, haciéndole el amor sin saber bien por qué razón, si era soledad, egolatría o necesidad de cariño. Durante esas noches que le parecían estarlas viviendo desde lejos, se sentía ausente, tal vez porque el amor nunca llegó. Se preguntaba qué tan presente estuvo el deseo en esos encuentros; porque rememoraba lo difícil que era para él alcanzar su éxtasis personal, y después, al mirarla a ella llegar tan fácil, tan espontánea e incontenible, dudaba que solo estuviera presente el deseo, lo que ella sentía por él era amor, pero la confirmación de esa certeza en lugar de ayudarle le afectaba más, se sentía extraño, incompleto, e incluso estando ahí, en esos momentos de íntima y profunda compañía, tenía la impresión de estar ocupando un lugar que no le pertenecía.

Aquella ráfaga de nostalgia le trajo de nuevo a la mente las vivencias de su primera noche juntos. Recordó la pena que ella tenía al dejarse desnudar bajo esa luz serena que todo iluminaba; lo inhóspito que le parecía su cuerpo en la breve oscuridad, donde ella se sentía segura de amar y ser amada. Siempre le pareció una mujer diferente, ella posaba su mirada y contagiaba con su brillo las ansias de entregarse sin dudar. Su frágil y delgado cuerpo llenaba una habitación que desprendía un aroma de amor emergiendo luminoso, a contraluz, confirmando la sensación de estar abrazado de un sentimiento súbito, que en ella se había hospedado desde hacía mucho tiempo, pero que él recién descubría en esa noche anhelada, donde lo planeado era dormir sin dormir, soñarse sin soñar, abrazar sin entregarse y fundirse juntos en el silencio de esa noche callada que los hizo cómplices, una noche remota donde, por un momento, pensó que el amor volvería a encontrar.

El mayor recuerdo que le quedaba de esa noche, era la sensación imperante de que fue una velada peculiar, particularmente incómoda como especial, atormentados por el calor fue imposible conciliar el sueño, por lo que sin poder dormir conversaron toda la noche hasta el amanecer, olvidándose así de ese aire que quemaba, quizás porque eran sus mismos cuerpos los que provocaban ese ambiente cálido, (ella de espaldas, él abrazándola mientras al oído le contaba sus más recónditos secretos, ocultando lo innegable, pero evadiendo el tema del amor).

Lo que muchas veces se preguntó, fue si esa sensación de satisfacción que experimentaba al notar el brillo en su mirada y el hecho de hacerla sentir amada en esos momentos eternos, podía ser un sentimiento que, visto desde lejos y por otros ojos, pudiera confundirse con amor. Jamás le confío a nadie ese secreto, ni siquiera a su mejor amigo, que muchas veces al verlo sonreír junto a ella, le preguntó si realmente era feliz, si había olvidado su antigua promesa de solo estar y hacer el amor con la mujer que amara, y de esta forma respetarse y respetarla. «La mejor forma en la que puedo respetarla es haciéndole el amor como nadie nunca, cada vez que ella se me entregue». Le dijo un día, sin saber si lo dijo en voz alta como para ser escuchado. El silencio de su amigo fue tal vez la aprobación o desaprobación que obtuvo ante tan natural y a la vez absurda justificación.

Entre ella y él todo parecía estar en calma aparente, pero la tormenta no faltaba, porque siempre quedaban las dudas, tan presentes como su sinceridad inoportuna, no sabía mentir cuando ella preguntaba si la llegaría a querer dentro de poco, él se limitaba a guardar silencio, abrazándola fuerte e intentando que un beso calmara sus dudas o incrementara la certeza de sus miedos, al confirmar que el amor jamás llegaría.

Le dolió la despedida, quizás porque cuando ocurrió, empezaba a acostumbrarse a su estadía, nunca le había sido fácil estar como decir adiós. La ausencia era tan común en él que ya no se reprochaba los pocos intentos que hacía por quedarse en los lugares donde se sabía necesitado. No le gustaba atarse cuando eso implicaba verse forzado a acelerar los designios de su corazón.

Cuando consiguió que se fuera ese recuerdo de su cabeza, sintió en su piel el viento de la noche fría, palpó de nuevo esa nostalgia ajena, sin sentido, la percibía como una sombra que no le pertenece, y sin embargo, se adueña de un cuerpo que no le corresponde; así pasaba con esos recuerdos lejanos, llegaban ahora a invadir un espacio que ya no era de ellos, lo tomaban como rehén cuando él se había sabido preso desde siempre de las incesantes nostalgias que habían dejado en su vida todas las mujeres ausencia, todas las mujeres pasado, todas las mujeres sombra que se llevaron un poco de su luz. Cansado de esas emociones y anticipando una noche de insomnio, se levantó de la cama decidido a acabar con sus constantes incertidumbres y desvelos. Reunió todo lo que significaba algo en su corazón, incluido el libro que ella le regaló, pensando en desecharlo. Pero a los pocos minutos dejó todo a un lado. No necesitaba revivir recuerdos y reabrir heridas. Lo que necesitaba era portar la marca de una nueva cicatriz y sabía cómo lograrlo, no había otra manera que dejar que las letras se llevaran el recuerdo y lo intercambiarán por olvido, entonces tomando su antigua libreta de poemas y una pluma que estaba por ahí, comenzó a escribir…

«Me despertó el recuerdo…»

 AHE

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Flores y ausencia

15 junio, 2013 at 23:59 (literatura) (, , , )

No lo supe entonces, sino años después, la razón por la que ella se volvió mi mayor obsesión, fue por haber sido la única mujer que resultó inmune a mis palabras y mis letras. Con tantas otras jugué y ella me hizo pagar por ello.

Yo era, en aquellos días inciertos, un incipiente escritor que gozaba de un éxito inesperado; siempre rodeado por mujeres, seductor consumado, apasionado del amor, tan cercano a ser infiel, la lealtad era una palabra desconocida para mí. Conocerla a ella pudo haber sido un buen estimulo para cambiar, desgraciadamente fue una oportunidad que no quise aprovechar. Acostumbrado a obtener las cosas fácil, sin esfuerzo, ese amor digno de atención se escapó de mis manos, se filtró y se diluyó, como sombra en medio de las tinieblas de la noche, huyendo de esa vida artificial, efímera, sin apegos, como la que entonces solía llevar.

Me di cuenta que la poesía sirve para enamorar, pero también y creo, aun mucho más, sirve para revivir dolores profundos que por ello se creían olvidados, aunque no lo estén. Así sucedió con ella, no me alcanzaron las tardes para añorarla, menos las noches para llorarla; por tanto el tiempo de los días me resultaba insuficiente, debido a que lo perdía en el inútil esfuerzo de reemplazar su recuerdo, intentando perder la memoria y el amor en el tráfago de recorrer otras vidas, conociendo a otras mujeres que, aunque bellas, no lograban hacérmela olvidar.

Ella no solo era costumbre, siempre fue un recuerdo violento, una obsesión a la que atribuía mi nostalgia, cercana y presente en los recuerdos largamente repetidos. Pero así pesa la ausencia cuando se tiene todo lo que nunca se buscó y es negado lo importante; el sueño del amor verdadero.

Por eso, cuando me di cuenta de lo fútil y cansado que resultaba pasar la vida extrañándola, me vi de nuevo regresando a aquellos años, como un alma en pena que recula sobre sus pasos buscando la vida que perdió. Sin embargo, una búsqueda inútil me aguardaba, porque entonces no sabía que ella verdaderamente era el fantasma de un pasado que pude haber dejado descansar, pero no lo hice y ahora me tortura, porque todos los días sigo recordándola, continuo sufriendo por ella; esta vez acompañado por flores que ella no puede ver, tampoco tomar entre sus manos, porque quién las recibe es una fría lápida, que no ve mis lágrimas y mucho menos escucha mis palabras.

 

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AHE

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No éramos nada, solo sueños.

12 febrero, 2013 at 21:17 (literatura) (, , )

No éramos nada, solo sueños.

Efímeros, lejanos, sin dueño.

Una mirada fugaz, un destello,

bastó para coincidir en ti.

 

Hoy somos, sin miedos.

 

No éramos nada, solo sueños.

Irreales, breves, perecederos.

Un silencio roto, una voz,

bastó para ser lugar en ti.

 

Hoy estamos, completos.

 

No éramos nada, solo sueños.

Ausentes, perdidos, intermitentes.

Un abrazo, una caricia puntual,

bastó para ser amor en ti.

 

Hoy somos, eternos.

 

No éramos nada, solo sueños.

Vagos, confusos, inconstantes.

Una vida, un destino sin igual,

bastó para quedarme en ti.

 

Hoy estamos, nos amamos.

 

Somos todo.  Más que sueños.

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Staring At The Sun photo by: [n|ck]

 

 

 

 

 

 

 

 

AHE

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