Cielo nocturno

13 julio, 2012 at 19:39 (Sin categoría) (, )

Cielo nocturno, intenso viento frío,

en el horizonte solo luces citadinas,

ciudades en penumbra; capitales del olvido,

encierran el horror nostálgico del amor perdido.

Viajero solitario hacia un destino indefinido,

no observa el horizonte que lo mira, nada lo guía,

desorientado camina con la mirada perdida,

vaga triste cargando el equipaje de la melancolía.

En el ocaso de su vida sabe que transita sobre ruinas.

Las huellas que lo guiaron, caminos que se borraron.

parques abandonados asemejan lugares desolados,

tantos recuerdos de amor que para él se terminaron.

Mirando el cielo se detiene a pensar en ella,

cierra los ojos reaviva su imagen por un instante,

reapareceré el recuerdo de todo lo que perdió:

una mujer tan lejana que al recordarla revive su dolor.

¡Es absurdo recorrer tantas calles del recuerdo!

Ya no camina, en su mundo avanzar es retroceder.

No queda más destino para su corazón deprimido,

es solo alguien que por el desamor ha sido vencido.

Se pierde entre las sombras nocturnas de siluetas anónimas,

avanza sin rumbo, donde sabe, otro amor nunca encontrará.


camino-de-la-torre. Imagen: Mazintosh

AHE

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Me equivoqué

12 enero, 2012 at 14:55 (Sin categoría)

Te miro a lo lejos y no puedo hablarte.

Intento hablarte, sin mirarte a los ojos,

las palabras sobran, solo quiero amarte.

Intento amarte besando tus labios rojos.

 

No conozco nada de ti, más que importa

he esperado por ti una vida completa,

busqué por todas partes, hasta que toqué a tu puerta

¡creí que al fin mi loca carrera llegaba a su meta!

 

Más sin embargo me equivoqué

buscaba respuestas que nunca encontré.

Necesitaba amor que nunca me diste,

de ti solo obtuve dolor, el día que te fuiste.

 

Pensé que siempre estaríamos juntos

tal y como algún día lo prometiste.

Hoy sé que pertenecemos a distintos mundos

yo quería vivir el amor, tú solo divertirte.

 

Todo acabó, no busco un cómo, ni un porqué,

hoy sé que mi error fue idealizarte

inventé virtudes y cualidades que de ti no formaban parte,

te entregué mi vida entera. Hoy sé que me equivoqué.

 

 

Photo By: danaScobar

 

 

 

 

 

 

 

 

Photo By: danaScobar

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AHE

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Crónica de un (in)feliz cumpleaños

3 enero, 2012 at 15:36 (Sin categoría)

♫♫ No vale andar tan solo por la vida,

 sin buscar una salida que me lleve a un nuevo amor…

ni vale recordar tristes momentos

ni dejar que el pensamiento me maltrate el corazón.

Tengo que olvidar, tengo que olvidar…

de una buena vez, ni antes ni después

volver a empezar. ♫♫

Súbitamente en medio de mi noche fría y tranquila, mis ojos se volvieron lluvia, cuando escuché en la radio aquella canción. No nuestra canción (porque no hubo tiempo para ello) sino aquella con la que recuerdo una despedida. No sé si lloré y si lo hice  tampoco sé por cuanto tiempo, supongo que fue toda la noche, mis sollozos débiles imagino,  fueron entonces los únicos sonidos que pronuncié aquella “noche triste”. Aunque tal pareciera que aun lloro por dentro, en mí corazón, (si es que aun me queda uno). Cuando por fin la tristeza tuvo un poco de consuelo y yo un poco de paz, me quedé dormido, fue un sueño corto pero reconfortante. Mi subconsciente me hizo revivir de nuevo, la noche en que nos conocimos.

Hasta entonces había sido un día común, excepto por el hecho de que era mi cumpleaños, día en el cuál había cumplido con ciertos ritos, por llamarles de alguna manera, que llevaba a cabo cada año en ese día de diciembre. Uno de ellos era dar una larga caminata a solas por la ciudad, acompañado solo por mis pensamientos, era un ejercicio de reflexión e introspección en el que analizaba mi vida en ese año transcurrido, buscando algo que me hiciera continuar adelante por otro año más al menos. El otro rito consistía en entrar a una librería cualquiera, comprar un libro al azar que esa misma noche leería y después regalaría sin dedicatoria a la primera persona que me felicitó en mi cumpleaños. El tercero no lo llevaría a cabo, no tenía ánimos para hacerlo, era siempre el que más trabajo me costaba, aquel al que mi soledad me obligaba y que consistía en salir a comprar amor, pagar por los besos y caricias de una desconocida. Antes, siempre lo había hecho acompañado de un amigo, hasta esa noche en que, precisamente me encontraba solo, sin amigos.

Estaba en mi habitación terminando de leer el libro que esa tarde compré (“los esclavos” de Alberto Chimal) que fue una recomendación del taciturno señor que atendía esa librería. Cuando de pronto ocurrió. En medio de la tranquilidad de la noche de aquel 10 de diciembre, comenzó a temblar, fue un movimiento brusco que me puso alerta, y me hizo salir de casa. El temor natural que se siente cuando vives en el cuarto piso de un edificio de departamentos, hace que salgas huyendo. Era una noche tibia, extraña para esa época del año, sin embargo, siendo aun temprano, decidí buscarte. Me conecté al Messenger con la esperanza de que estuvieras ahí… y estabas. Después de un rato de charla virtual, me preguntaste si deseaba conocerte. Luego de pensarlo un poco, accedí. Apunté tu dirección y me dirigí a tu “caza”. Lo hice a pie y no en un taxi como me habías pedido, deambulé un poco por esas calles oscuras y desconocidas, reordenando mis ideas y alejando mis temores. Por fin, después de una larga caminata, di con tu calle, y unos pasos más adelante con tu dirección, o al menos la que me habías dado (más tarde comprobaría que me diste un número equivocado). Toqué en aquella casa y pregunté por ti, la voz dura de la mujer que me respondió no era la tuya y me desanimó, le dije que buscaba a cierta persona y entonces dije tu nombre. La misma voz me respondió que allí no vivía ninguna Mónica.  Me disculpé con voz torpe, y encaminé mis pasos buscando alejarme lo más pronto posible.

No estaba desilusionado, era algo que había esperado, uno de los muchos escenarios posibles que en mi mente había recreado. Me dirigí hacía la esquina más cercana buscando regresar a casa, cuando de pronto te vi, más producto de la casualidad que del destino, aun lo pienso todavía, me acerqué y te saludé, me respondiste con una sonrisa, entonces me invitaste a cenar y acepté. Lo que hablamos esa noche no tiene caso recordarlo, no fue nada extraordinario. Lo único que saltó a mi vista y que nunca había notado hasta ese día, era lo bella que eres. — ¡Oh Dios mío! ¡Qué hermosa es! — Recuerdo haber pensado.

Fue la única vez que nos vimos, no volviste a hablarme después de aquella noche, no respondiste mis mensajes, ni devolviste las llamadas. Tampoco volvimos a comunicarnos por las muchas redes sociales que abundan en Internet, y yo no tuve valor para buscarte de nuevo en tu casa. Todo me quedó claro y lo acepté, entendí que esto no fue más que una simple y vana ilusión y que yo como tal, no cumplí con tus expectativas.

No es eso lo que me dejó triste, es tu actitud contradictoria, eres una mujer misteriosa, ocultas algo, me cuentas mentiras que intentan sepultar verdades que saltan a la vista. Eres amable y a la vez indiferente, cálida y fría. El hecho es: ¿por qué darme esperanzas de ti, si no estabas dispuesta a dejarme entrar a tu vida? ¿Por qué planear una segunda cita que hasta hoy espero?

Lo mejor habría sido ser cortante y fría desde el principio, para que enseñar a volar a quien jamás tuvo alas. Eso lo habría entendido y aceptado, era algo para lo que estaba preparado. Uno ha aprendido a andar por ahí, con el corazón roto y cargando una soledad injusta o no, no lo sé, pero soportable a fin de cuentas, esto es un estado natural para mí, en él, encuentro algo que podría llamar felicidad, tan bondadoso es, que de vez en cuando, me brinda inspiración que alimenta mi vicio de escribir, incomprendido para muchos, pero sin el cual, estoy seguro que me sería difícil vivir.

No te pude conocer bien, tan poco tú a mí y es algo que lamento. Es una pena que te cierres y no permitas a los demás que conozcan a la persona especial que hay en ti. Ignoro que pasó en tu vida, ¿por qué ese temor de dejarme ver tu corazón y tu alma? Si es tu caso, no busques quién repare las heridas de tu corazón partido, busca alguien que te enseñe a amar con cada uno de los pedazos rotos.

Incluso si ese alguien…  no soy yo.

AHE

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Un domingo como el de hoy (un domingo cualquiera)

17 abril, 2011 at 17:24 (Sin categoría) (, , , )

Para cualquiera que haya jugado fútbol sabrá la dificultad de enfrentarse contra un equipo con superioridad numérica. Es difícil expresar la sensación que experimentas al inicio cuando todos esperan lo más natural (la derrota por supuesto) por un marcador tan grande como humillante.

Pero que sucede cuando surge lo inesperado y el equipo contrario, tan confiado de su destino, se encuentra con que la suerte no le favorece, y la portería parece hacerse tan pequeña que da la impresión de que ningún balón entrara por ella.

La desesperación comienza a apoderarse del rival, mientras que tú, por el contrario, te llenas de la confianza y del ánimo de saber que todo lo que intentas te sale como deseas, y los jugadores anteriormente apáticos y malos se convierten inesperadamente en “cracks” con el balón. El panorama se aclara, surgen las ideas, el viento cambia de dirección, y de pronto escuchas algo, un sonido agudo que indica que la mitad de la proeza está cumplida, ha terminado el primer tiempo.

Con los ánimos hasta las nubes, transcurren los comentarios durante el descanso, se planea una nueva estrategia al sentir que el partido se puede ganar, y se plantea una formación arriesgada para un equipo con 9 hombres en el campo, jugar una alineación 3-2-3, esperanzados en hacer un gol que nos permita ganar el partido.

Un nuevo silbatazo nos indica que comenzaran los 45 minutos siguientes, y con esta nueva estrategia, iniciamos el principio del final. Las oportunidades generadas en el área contraria nos dan la equivoca y efímera sensación de que podemos ganar, un tiro al poste, y una atajada impensable del portero contrario, presagian un ambiente esperanzador, cuando de repente, sucede la debacle y un jugador comete lo único prohibido en esta situación, hacerse expulsar. Las protestas inmediatas buscan hacer que el milagro ocurra y el arbitro cambie su decisión, pero es inútil, es como hablarle a la pared y el arbitro permanece impávido e inflexible.

Con el ánimo golpeado el juego continua, el equipo rival se adueña del momento y del balón, mientras nosotros nos replegamos en un desesperado intento de recobrar la lucidez perdida. Desgraciadamente no todos logran hacerlo, y tras 5 minutos de lo acontecido sucede otra desgracia y un nuevo jugador nuestro es expulsado, por reclamar con palabras que hacen alusión a la madre del arbitro, una falta por detrás que no fue sancionada, esta vez no protestamos, nuestro animo se acaba y al reanudar el juego nos invade la invariable sensación de que sucederá lo que pensábamos al comienzo, una derrota por goleada, los mas de 30 minutos que quedan por jugar así nos lo indica, pero sobretodo es el golpe anímico aunado al cansancio acumulado lo que nos hace esperarlo.

Entonces el capitán ordena hacer lo más conveniente y es defendernos con 5 defensas y un solo hombre adelante capaz de retener el balón y buscarse faltas que nos permita salir de nuestra área y quitarnos el agobio del rival.

De esta forma comienza otro partido y jugamos con un nuevo objetivo, conseguir un “valioso” empate. Es en este momento que surgen los lideres del equipo, los hombres con la experiencia de centenares de partidos y comenzamos a tocar un balón en corto, que no le permite al adversario dominarnos, hacemos uso de toda nuestra habilidad y retenemos el balón, buscando la falta al menor contacto, exagerando el dolor de los golpes, esperando que el arbitro y el destino nos compense un poco, y haga que la superioridad numérica del rival, sea menor, expulsando a alguno de sus jugadores, sin embargo esto no ocurre y lo único que nuestros ojos ven es el color amarillo de las tarjetas, el color rojo que es el que anhelamos ver no aparece.

Entonces la lucidez aparece en el equipo contrario, quienes comienzan a jugar por todo lo ancho de la cancha, haciendo que el balón corra y nosotros detrás de él, saben que lo que nos vencerá es el cansancio y no el poder de su juego colectivo, es entonces cuando nos percatamos que no debemos perder el orden, así que intentamos mantenerlo hasta el final del partido, parece que así lo lograremos cuando el arbitro nos indica que agregará 3 minutos al partido, 3 largos, infinitos y dolorosos minutos, 180 segundos de agonía. Entonces cuando parece que conseguiremos nuestro objetivo, el cansancio nubla las ideas de nuestro defensa central, que da un pase equivocado que por inesperado, nos encuentra desubicados, el cual le queda al jugador mas talentoso y experimentado del equipo rival, quien con un toque adecuado coloca a su delantero solo, frente a nuestro portero, el cual encuentra la oportunidad que se le había negado durante mas de 90 minutos y con un golpeo firme manda el balón a una esquina de nuestra portería a donde el portero no puede llegar.

No queda mas tiempo, ni siquiera el suficiente que nos permita soñar un poco. Y el árbitro marca el final del partido.

Es una derrota, es cierto, pero no es como tantas otras en las que se tiene la impresión de haberse podido hacer algo más. Esta vez el sabor es diferente, la sensación es extraordinaria al ver a los jugadores contrarios, cansados, alegres, es verdad, pero con la certeza de saber que consiguieron una victoria de último minuto que, por inmerecida, se les escapaba de las manos.

Mientras que nosotros nos retiramos del campo, orgullosos del esfuerzo brindado, llenos del respeto del equipo rival, quienes preocupados caen en la cuenta que, aun queda un partido mas por disputar para asegurarse el campeonato, esta vez en nuestra casa, y temerosos aun mas al saber que con 11 hombres en la cancha somos un equipo superior a ellos y que al final de los 180 minutos, es seguro que el marcador nos favorecerá.

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Adios

4 marzo, 2011 at 23:47 (Sin categoría) (, , )

Photo by: Histerica Sweet (i need a Pro) http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=3076914

Si a lo lejos observas que soy feliz

no lo creas, estoy sufriendo por ti

a tu lado pasaré fingiendo no mirarte

aunque por dentro me muero por besarte.

Si platicando contigo me muestro distante y frió

y mis palabras más que alegrarte te causan dolor

no te sientas mal, es culpa mía, estoy confundido

pero es que debo alejarte y terminar con este cariño.

No me pidas que te mire a los ojos y te diga lo que siento

¿de que serviría? solo una mentira escucharías de mis labios

una frase que inventaré para ocultarte este cruel tormento

para olvidarme de ti, de este amor y decirte adiós.

Si negros nubarrones empañan mi mirada

y mis lágrimas te demuestran cuanto te he querido

sabrás que en mi pensamientos te recordaba

ahora ya ni esa ilusión me queda

porque sé que tu amor para siempre lo he perdido.

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RECUERDOS

4 marzo, 2011 at 23:45 (Sin categoría) (, )

Subo el volumen de la radio al escuchar las primeras notas de aquella vieja canción. Ha comenzado a anochecer y hace frió, no puedo esperar otra cosa en esta noche de invierno. Estoy sentado junto a Erika, mi esposa, frente a una chimenea encendida que no me proporciona tanto calor como su compañía; es con ella con quien he compartido noches completas de una vida entera. Instintivamente la miro, los ojos cerrados, la respiración tranquila, me cautiva su aspecto dulce e inocente, me vuelvo a sentir nuevamente enamorado, como en aquel lejano primer día. Quisiera despertarla, quisiera que escuchara esa canción, aquella que bailamos el día en que comprendí que era ella la respuesta a todos mis sueños.

En su rostro dormido se marca una tenue sonrisa, como si presintiera que pienso en ella, a mi pensamiento  llega un  recuerdo, una resonancia que ha vivido en nuestras mentes durante muchos años, en forma de una dulce canción de amor.

<<baila para mi, no pares no, baila para mi y nos sorprenderá el sol>> pronuncio las palabras de la canción que escucho en la radio, las susurro en su oído, con delicadeza y dulzura, pero a la vez con la intención vehemente de despertarla. No lo hace. Y yo ceso en mi empeño al observar su cuerpo frágil y el candor que de ella emana. Debo dejarla descansar, lo necesita y lo se muy bien; el doctor me  ha dicho que su enfermedad le permite muy poco reposo y que cuando pueda debe descansar muy bien. Pero es que realmente desearía que recordara lo que yo recuerdo, que sintiera lo que ahora revivo, que reviviera lo que ahora siento.

Son pocos los recuerdos que aun conservo en mi mente, el tiempo se ha llevado uno tras otro, lentamente, y solo me ha dejado uno muy especial, el mejor de todos,  sigue siendo tan real que pareciera que no ha terminado todavía. Mi mente se detiene en él y comienzo a divagar… cierro los ojos y mi sueño se comienza a recrear.

Escucho música suave, tan lejana que parece no existir en este instante y fuera solo el murmullo de un sonido guardado en el tiempo. En un lugar a media luz, donde dos siluetas se unen en un abrazo, y bailan juntos disfrutando de la canción y de su mutua compañía, él le dice al oído a ella que por siempre juntos estarán y que este momento nunca de sus mentes se podrá borrar. Entonces me reconozco en esa persona y la reconozco a ella también, rodeando mi cuello con sus brazos, sus ojos me miran fijamente y percibo en ellos el brillo que refleja un amor que nació para no terminar jamás. Estrecho su cintura con mis manos, aspiro el perfume de su piel, el aroma de su pelo que me envuelve, el vaivén de su cuerpo que se mueve lenta, cadenciosa, sensualmente y ese ritmo subyugante provocan en mi un estremecimiento que viaja por mi sangre y recorre todo mi cuerpo. Es un mareo de amor, ocasionado por la emoción de tenerla entre mis brazos, que me hace sentir el frenesí que nubla mis sentidos y lleva mi ser a un lugar donde solo existimos los dos y en donde solo necesito su compañía para ser feliz.

En la radio, la canción termina, y junto a mi, en ese momento, ella despierta, diciéndome que creyó escuchar entre sueños, aquella canción que dio inicio a nuestro amor, y nos soñó juntos, abrazados, reviviendo el sentimiento que surgió en nosotros hace muchos años. Entonces compruebo, una vez más, que nuestros pensamientos son solo uno, en dos cuerpos distintos.

Me pongo de pie y voy hacia el desván, donde sé que encontraré lo único que necesito para revivir lo que ella soñó. La cinta donde quedó grabada la melodía de nuestro infinito amor. Con pasos lentos, cansados, casi perdidos, regreso a su lado, arrastrando una vejez que me permite hacer muy pocas cosas ya, pero con el ánimo renovado en mi corazón lleno de amor. Y mientras espero que de la radio surjan las primeras notas, tomo su mano delgada y casi tan pálida y débil como la mía, haciendo que se ponga de pie, llevo mis manos hacia su cintura al tiempo en que sus brazos rodean mi cuello. La canción comienza. Y con ella, la reafirmación de nuestro amor. Aunque los años se hayan llevado nuestra vitalidad y hayan dejado marcas en nuestros cuerpos, las almas siguen intactas, manteniendo vivo el sentimiento que nos unirá hasta el final de nuestros días.

Entonces nos vemos con detenimiento, somos dos cuerpos marchitos, que al bailar medio abrazados, medio sonrientes, buscaremos la nostalgia de un momento mágico que solo se repetirá en las memorias imborrables de nuestros corazones.

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Yo te pierdo

5 enero, 2011 at 0:54 (Sin categoría) (, , )

Eras soledad y jugabas conmigo

sombras en tiempos perdidos

creí conocerte eras mi destino.

Te enojas nuevamente

así que cuido todo lo que digo,

en tu furia, con tus celos

me intimidas.

Acometes y atacas de nuevo

con palabras que dañan

tus ojos destellantes de ira

y no lo notas.

En el silencio tus gritos

degollando mis ilusiones,

acercarme a ti es tan difícil

¿entenderte o alejarme?

el dilema de mis noches,

nada pierdo de ti

porque nada tengo

solo el enojo que provoco.

En pelear se van los días

las noches en amores suicidas.

El placer se presenta

el dolor esta ausente

mis manos en tu cintura

tu agradable compañía.

Durante esta madrugada fría

a tu calor me aferro

a tus caricias a tu cuerpo

sin embargo aun sigo solo

buscando aquello con lo que

de mi se llene tu corazón.

Perdemos, yo te pierdo

no juntamos lo que se necesita

alcanzar aquello que te lleve al otro día

mis palabras ya dichas y agotadas

mil veces pronunciadas

tu caricia diaria, irrepetible,

extrañándola en las mañanas

y la sensación irremediable

de sentir que…

Perdemos, yo te pierdo.

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Morir por un destino adverso

23 octubre, 2010 at 22:57 (Sin categoría)

Cada quien hace
y lleva dentro de si
su propio infierno,
sin necesidad de morir
Para ir allá.

Vanesa, vestida de tentación y actitud provocadora, acudió a la fiesta buscando divertirse y solo encontró el principio de su desgracia.

Llegó como a las 10:00 p.m. llamando la atención de todos, enfundada en ese vestido rojo que demostró que de aquella niña tímida de cuerpo esbelto, solo quedaba la ingenuidad e inocencia. Había perdido la mirada y el andar infantil, pero a cambio adquirió la sensualidad de mujer coqueta que marcó su destino.

Platicó y bailó con todos, antes de perder entre, copa y copa de tequila, la inhibición que la condujo a los brazos ansiosos de sus amigos, quienes le arrebataron su virginidad dolorosa, y solo dejaron frustración y arrepentimiento en la mujer que despertó desnuda, adolorida y sucia por los fluidos sexuales de aquellos inexpertos amantes.

Esperaba entregarse en brazos de un príncipe que la recibiría gustosa, y sin embargo solo la recibió el silencio y frió del cuarto de un hotel de paso. Se vistió sin ganas, atormentada por el viento helado de madrugada que entraba por la ventana abierta; sintió odio y desprecio por todos y por sí misma; maldijo su soledad y condición de mujer necesitada de afecto, cuya inmadurez la orilló a buscar amor donde no lo encontraría nunca.

Caminó errante hacia su casa, deseando morir sin llegar a su destino, atrás dejó sus sueños, que se perdieron entre la música estruendosa, el alcohol y la oscuridad de aquel cuarto de hotel, mudo cómplice de la iniquidad de la que fue objeto. A cada paso, llegaban a su memoria, instantes de un mundo feliz en el que le hubiera gustado vivir y que ahora era ya imposible hacerlo; veía alejarse sus anhelos, antes claros, ahora borrosos, confundidos con las imágenes desagradables que recordaba, desnuda y alcoholizada en brazos de personas sin rostro que saciaban en ella sus instintos más viles, como animales en celo. Sintió asco, de su aliento fétido, de su piel nauseabunda, manchada y marcada para siempre por las repugnantes caricias que ahora, bajo el chorro frió de la regadera, trataba de borrar y de olvidar.

Cuando el cansancio fue mayor que su odio, se quedó dormida, confiando que, al despertar, la pesadilla también habría terminado; pero no fue así, nadie le advirtió jamás que su mundo color rosa era irreal y que la vida no es un cuento de príncipes y princesas con finales felices.

No volvió a abandonar su habitación, ni respondió a las preguntas que sus padres le hacían para conocer el origen de su desdicha. Se encerró en su infierno, con la conciencia atormentada por demonios que adquirían cuerpo y rostros conocidos y que uno a uno sobre su cuerpo virgen la hacían sentir el suplicio de un destino inmerecido.

Tres meses después le puso fin a su existencia, murió sin sangre en las venas, por las cuales, al igual que los sueños, la vida se le escapó, a ella y al pequeño ser que de sus entrañas se alimentaba.

AHE

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Noche de seducción.

30 septiembre, 2010 at 1:39 (Sin categoría) (, , , )

 

Dos cuerpos apasionados en medio de una habitación iluminada solo por la luz de dos velas que se consumen con lentitud, descubriendo sensaciones, sabores, olores, placeres insospechados, gozo, lujuria, satisfacción, sensualidad, emociones que se funden en nuestro interior, impregnadas en nuestra piel. Lentamente comenzamos el juego de la seducción. Beso tus labios, aspiro tu aliento reconozco el sabor de tu boca, tu lengua, tu saliva, bajo por tu cuello, te siento estremecer, recorro tu nuca, tu oído izquierdo, acaricio tu espalda, jugueteo con los botones de tu blusa, mientras comienzas a liberarte de tus inhibiciones, dejando atrás tus manías, deseando fundir tu cuerpo con el mío, mezclando nuestros sudores. Tu ropa cae al suelo llevándose consigo tus prejuicios y temores.

Contemplo tu cuerpo desnudo admirando tu extraordinaria belleza, eres una chica tan hermosa que justo seria decir que ya no se puede más. Me miras y me doy cuenta de que percibes mis pensamientos, sabes que te idolatro, te idealizo, que me hipnotizas, entonces entiendo que las palabras son innecesarias, que mi mirada es el perfecto vinculo de comunicación que transmite todo lo que por ti siente mi corazón.

 

Mis manos tocándote, nuestras pieles desnudas, mis besos encendiéndote, tratan de vencer tu casi nula resistencia, luchando contra tus ideas que no te permiten liberarte, que te esclavizan, debes tomar la difícil decisión entre continuar y detenerte, entre la inocencia y la experiencia, en seguir siendo niña o dar paso a la mujer que ansiosamente quiere manifestarse en ti, pidiendo la oportunidad de que la dejes salir y se convierta en tu esencia, la dulce sensualidad de mujer que llevas, sin saberlo en tu interior, y que me ha llevado por caminos que me hacen perder la cordura y la razón, que vuelven loco a este hombre solitario que te ama con intensa pasión.

Es un instante en el que te siento completamente, eres parte de mí, desearía entonces poder detener el tiempo y hacer de este momento algo eterno, pero es imposible, me invade una explosión intensa, un temblor de tierra, te observo detenidamente y me pregunto si sentirás lo mismo, aunque se que es algo que no hace falta, todos tus gestos te delatan, tu cuerpo se contrae en un primer éxtasis y por un momento alcanzamos el paraíso sin proponérnoslo. Pero es solo un instante, aunque es el tiempo suficiente para saber, que a pesar de que no lo quiera aceptar, ya nunca más podré separarme de ti.

Cierras los ojos, fingiendo dormir, te observo de manera absorta, luces tan vulnerable, que se que no podré tocarte mientras estés dormida, porque perturbaría tus sueños, y me perdería de ellos, y entonces mi imaginación cesaría y no tendría nada nuevo que descubrir en tus largos periodos de introspección, de duda, de ira o de amor.

AHE

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Recuerdos de un amor perdido

16 septiembre, 2010 at 21:46 (Sin categoría) (, , )

Hace tanto tiempo de aquellos días que no los recuerdo muy bien ahora, creí que el amor que sentía por ti había muerto y era imposible revivirlo, convencido estaba de ello y sin embargo apareciste de nuevo. A primera vista no pude reconocerte, te observé de perfil y te vi diferente, has cambiado mucho, no logré hacer coincidir tu imagen con la que mi mente guardaba, con aquel recuerdo mas antiguo que de ti tenía, cuando un día de septiembre te hablé al salir de clases. Hoy, muchos años después de eso, al verte a la salida del hospital me sentí confundido y te confundí con alguien mas, por un momento tuve miedo, porque mi mente tardó en reaccionar y reconocerte, el temor de que algún día no podría reconocerte se hizo presente, pero solo fue un instante, un momento gris que espero no volver a sentir.

Se que la vida nos cambia a todos, pero a ti te ha cambiado para bien, eres mas alta, fue lo primero que noté, eres tan bella o quizás mas aun que antes, me impresionaste, sobre todo me impactó tu madurez, tu forma de caminar, tu andar seguro y erguido y con la mirada decidida, pero con unos ojos diferentes a los que solía ver cada tarde de nuestra adolescencia, en ellos vi algo que no acabo de comprender del todo, no me dijeron si hay alguien en tu corazón, tal vez lo halla, porque eres un ser especial, mágico y alguien como tú no merece estar sola, pero se que con certeza no has alcanzado la felicidad completa a su lado. Comprendo que también en tus ojos se reflejaba una forma de ver la vida distinta de la manera en que yo la veo, tienes un destino trazado, un camino definido en el que se ve tu porvenir. Debes tener ahora 22 años o tal vez hayas cumplido 23, los mismos que yo, aunque no estoy seguro de ello, mi mala memoria evita que lo recuerde, te noto mas segura de ti misma, eso me mostró la voz que de ti surgía clara y firme, diferente un poco a la que yo conocía, lo demás de ti es tal y como lo recuerdo, el pelo negro, largo y rizado que se ha convertido en una de mis obsesiones, y que busco, sin haber encontrado, en las innumerables chicas que por mi vida han pasado, me pareció ver que te lo has cortado o fue lo que me permitió ver el broche que sujetaba tu pelo.

Al despedirte, mi mirada se detuvo en tu espalda breve y tu cintura estrecha, cubiertas por la sudadera que servia de uniforme a una preparatoria a la que nunca fuiste, noté tus jeans un poco desgastados por el tiempo que ha pasado no solo sobre ellos, sino también sobre ti y sobre mi.

Hoy puedo decir que lo que me dejó aquella visión casi fugaz, es que por fin entendí el concepto de belleza, eso eres para mi, la definición perfecta de esa palabra, el significado completo, que solo yo podré comprender, y hoy lo pude comprobar claramente, no tienes  el cuerpo de una súper modelo, y quizás nunca lo tendrás, no eres tan exuberante como otras mujeres, pero en cambio en ellas no podría ver la sensualidad, ni elegancia, ni la belleza pura que posees, que puede no ser tan provocativa, pero a cambio tienes el don de cautivar a todos, con el simple hecho de sentir la cercanía de tu cuerpo. Para los ojos de los demás, podrá haber chicas más atractivas que tú, para mí, nunca habrá nadie igual, capaz de despertar en mí estas sensaciones maravillosas, difíciles de describir completamente, que me enamorarán cada vez que te vea y con mayor fuerza cada día.

Eso eres para mi, yo para ti ya no soy nada. Y aunque el destino me diga que nunca juntos estaremos, jamás habrá cabida en mi mente para esa idea, es verdad que el destino lo formamos nosotros mismos, y en el mío siempre estarás tú como la respuesta a todas mis preguntas, o la alegría de todas mis tristezas, porque eres lo que a Dios le he pedido desde siempre, desde que encontré el amor que buscaba, eres mi razón para vivir, la justificación que me hacia falta, eres quizás lo único que me haya pasado en la vida.

Eres la fuerza que me hizo y hace crecer, y sin embargo entiendo una verdad completa y muy grande al verte alejar, me entristece y sé que de quedarme aquí mirándote desaparecer de mi vida no podré evitar llorar, pero no me muevo, mientras el sentimiento crece y duele, porque destruye mis ilusiones. Porque me doy cuenta que lo que siento es un sentimiento muy fuerte, más grande aun que la vida y la muerte, más allá del bien y del mal, porque es un amor imposible, porque eres inalcanzable, porque 2 mundos lejanos y divergentes, nunca podrán reencontrarse, y aunque yo lo anhele, nunca mas a mi lado estarás y ¿olvidarte? No se si pueda, no se si lo quiera, porque eres tu la que me hace querer ser un hombre mejor, la que me provee de ilusiones y sueños que solo por ti y para ti podré algún día cumplir, aunque no estemos juntos para compartirlos, aunque no sepas que eres el motor que me mueve, el eje en torno al cual mi mundo gira, puede que tal vez algún día mi mayor anhelo se haga realidad, y es lo que deseo ahora y desde siempre. Solo se que lo único cierto es que siempre estarás aquí conmigo, en esencia y tal vez no en presencia, nunca podrás irte, nunca dejaré que lo hagas, porque el amor puede ser mayor aun que el deseo y el goce corporal que he tenido y lo que siento es una de las variantes del amor, anhelo por lo que no se tiene, pero que estará siempre ahí, que es algo inmortal, intangible y eterno en la memoria de mi corazón y que solo morirá, cuando yo muera.

Para Claudia

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