No éramos nada, solo sueños.

12 febrero, 2013 at 21:17 (literatura) (, , )

No éramos nada, solo sueños.

Efímeros, lejanos, sin dueño.

Una mirada fugaz, un destello,

bastó para coincidir en ti.

 

Hoy somos, sin miedos.

 

No éramos nada, solo sueños.

Irreales, breves, perecederos.

Un silencio roto, una voz,

bastó para ser lugar en ti.

 

Hoy estamos, completos.

 

No éramos nada, solo sueños.

Ausentes, perdidos, intermitentes.

Un abrazo, una caricia puntual,

bastó para ser amor en ti.

 

Hoy somos, eternos.

 

No éramos nada, solo sueños.

Vagos, confusos, inconstantes.

Una vida, un destino sin igual,

bastó para quedarme en ti.

 

Hoy estamos, nos amamos.

 

Somos todo.  Más que sueños.

Imagen

Staring At The Sun photo by: [n|ck]

 

 

 

 

 

 

 

 

AHE

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La extraña a mi lado

20 julio, 2012 at 19:28 (literatura) (, , )

I.

Un hotel, un cuerpo y una despedida. Recuerdos, confusión y soledad. Son los únicos pensamientos que de ella le quedan, porque su presencia se convirtió en otro fantasma más que llegará a sus sueños sin anunciarse, sin que él lo espere y lo deseé. Y que le dejará el recuerdo difuso de una chica de la cual le será muy difícil recordar su rostro, y aunque la volviera a ver no la podría reconocer, en tanto que su mente se acostumbró a no guardar recuerdos; su corazón emociones y sentimientos.

Se despertó después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama, mirándose al espejo, se sintió convertido en un monstruo que solo vivía para saciar en el placer del sexo, su soledad congénita. Deseó dormir un poco más, pensando en que los minutos de sueño que le robaría a la mañana, le permitirían descansar y olvidarse de sus pensamientos. No pudo hacerlo. Sintió un insoportable dolor de cabeza, se levantó y fue al baño, pensando que una ducha desaparecería ese intenso dolor. El agua helada lo reanimó un poco, para dar paso al frío en su cuerpo que lo hizo olvidarse del dolor de cabeza; siempre fue así, buscaba sustituir las sensaciones que sentía por otras que inventaba. Se buscaba problemas para olvidarse de los que tenía, el mismo dolor lo hacía desaparecer provocándose uno nuevo.

Abrió el refrigerador buscando algo para comer, pero no halló nada, solo había un par de cervezas, verduras en descomposición, y comida en mal estado. No le sorprendió, puesto que desde siempre había sido así, no le preocupaba nada, incluso el procurarse un poco de alimento, su mismo departamento reflejaba el caos de su vida, que a veces se ordenaba un poco, no porque él lo hiciera sino porque dos veces por semana iba Marlene a hacer el aseo de su departamento, la mujer que su madre contrató y que en repetidas ocasiones había sido también su amante.

El ruido de la televisión lo distrajo, miró el reloj eran las 3:00 p.m. se quedó observándola por un momento, no era una actividad que disfrutara, solo le servía para pasar el tiempo, tan rutinaria se había vuelto esa costumbre que el televisor encendía siempre a esa hora, porque era cuando le gustaba despertar. Se sorprendió un poco al ver que había despertado antes de lo habitual, pero era solo una consecuencia de la gran cantidad de alcohol que había ingerido la noche anterior y que le provocó el dolor de cabeza que perturbó su sueño.

Al dar las 10:00 p.m. decidió continuar con su rutina, salió de su departamento, abordó un taxi que lo llevó a su lugar preferido, el bar de Rogelio, un antiguo compañero de la facultad, quien siempre lo recibía y atendía sin cobrarle nada, porque le gustaba tener alguien con quien conversar, aunque esa no era precisamente la mejor de sus cualidades, sabía sin embargo escuchar y para él, eso era suficiente.

Así era como transcurría su vida, buscando siempre algo, buscando siempre a alguien, miraba a las mujeres que acudían al bar, de inmediato descartaba a las que se encontraban acompañadas, su atención recaía en las que se encontraban solas, sabía que eran las que potencialmente podían terminar pasando la noche junto a él. Elegía a cualquiera, no importaba su apariencia, prefería sin embargo, a las que como él mostraran un aspecto solitario, la experiencia le había enseñado que eran las que presentaban el menor peligro para su estabilidad emocional, porque no tendría que preocuparse por lo que pudiera pasar después, no buscaba tener un apego emocional, y con ellas sabía que saciada la pasión, el único precio que tendría que pagar sería solo otro recuerdo que acrecentaría su sensación de soledad; un precio duro pero siempre terminaba pagándolo, a pesar de que le hacía recordar la peor de sus vivencias; el sentirse ignorado por todos y querido por nadie, lo llevó a buscar afecto en personas equivocadas, arrojándolo al profundo abismo de la incertidumbre del amor, donde nada era seguro, solo la certeza de que eso podía acabar en cualquier momento, aun sin mostrar señales de ello, y arrancar de tajo las ilusiones de los amores irrisorios, esos que busca tanto y a los que está tan habituado.

No le quedaba claro como inició con esa vida, solo recuerda que hace mucho tiempo, experimentó el vago placer del sexo sin amor, en un cuarto frío y sucio, en un lugar oscuro, bajo un techo desconocido, encima de una mujer sin nombre que aceptó el dinero que él ofrecía a cambio de soportar sus caricias. A través de los años ha tenido muchos encuentros como ese, han sido tantos que considera que es el único tipo de amor, que puede existir entre dos personas.

En medio del silencio de otra madrugada fría, se despertó y no encontró nada que lo hiciera sentir feliz, solo sintió la soledad que ha padecido desde hace mucho tiempo, una sensación que cada día crecía más. Aunque ante los demás intentaba esconderla, era inútil. Sin embargo cree que es un sentimiento al que se ha acostumbrado, ha olvidado cuándo fue la última ocasión en que vivió instantes felices, y también, cuándo fue que sus acciones no fueron guiadas por la depresión, a veces ha sentido algo más, como una mezcla de sentimientos desagradables que muchas veces no sabe definir bien: enojo, melancolía, apatía, desilusión. Pero sabe que como regla general desembocan en uno solo, más grande y más difícil de soportar, un sentimiento que es ya inherente a él, llamado soledad, y que hoy, a sus 28 años, tiene una duda acechante que lo invade, y ésta es, la certeza de saber que pase lo que pase, sin importar lo que haga o lo que pueda vivir después, aun y cuando alcanzara sus sueños o la felicidad completa junto a alguien a quien pudiera amar, siente que la soledad nunca se irá, estará siempre conviviendo con él, esperando el momento en que, terminado todo, la busque como el refugio de su ser, porque en ese lugar es muy difícil que sus miedos lo puedan acompañar, y al menos, por un instante pueda liberarse y olvidarse de ellos.

Está consciente de sus limitaciones y carencias afectivas, sabe poco de la vida y del amor, porque la experiencia rutinaria le ha hecho entender que al final de cada instante feliz, siempre lo estará esperando el vacío melancólico de siempre, para invadirlo y golpearlo con la fuerza necesaria, hasta que al fin entienda que debe salir de esa vida perniciosa, triste y miserable que se ha buscado sin quererlo, ni anhelarlo.

En medio de su larga introspección, le ha visto por fin la cara a su realidad, un vistazo en ella, lo hizo comprender la inmensidad de un mundo frio e insensible que se le viene encima. En madrugadas como esa en las que despierta lleno de desolación,  analiza su vida, se siente cansado por el hastío, piensa que es demasiado, más de lo que un hombre como él puede soportar y quisiera tirarse a dormir un día entero para olvidarse de todo, se pregunta por qué la soledad le duele tanto, que hasta le produce placer.

Pero a últimas fechas, le pasaba una cosa extraña. Aunque siempre fue bueno para seducir chicas, no era eso lo que lo atormentaba, solo deseaba entender por qué se había transformado en la persona que más detestaba ser, su padre. De quien había aprendido poco, solo lo peor de él, heredó la arrogancia de sentir que podía conseguir placer con cualquiera, por el simple hecho de desearlo. ¿Seria la soledad el justo precio que debía pagar, al haber sido criado en una total ausencia de amor y de respeto consigo mismo y con los demás?

II.

Transcurriendo su vida entre bares y soledad, esa rutina habitual que tanto disfrutaba, un día su mundo comenzó a girar, Rogelio le comentó que desde días atrás, una mujer preguntaba por un hombre, la descripción encajaba con él, se refería a un tipo taciturno que cada noche se le veía acompañado por una mujer diferente, él jamás mencionó que conociera a una persona como la que ella buscaba, sabía que él no deseaba de ellas más que una relación de una noche, sin embargo, la habitual insistencia de aquella mujer lo obligó a comentárselo, contrario a lo que supuso, su comentario no provocó en él ni la mínima sensación de curiosidad. Quien quiera que sea, estoy seguro de que no la recordaré. Pensó, y trató de no darle importancia a lo mencionado por su amigo.

Aquella misma noche, se acercó una mujer, eso no tenía importancia porque estaba habituado a ello, no eran pocas las que se acercaban atraídas por su aspecto, buscando algo, conversación o simplemente unos tragos, pero la que se presentó aquella noche era diferente a las demás, se distinguía no solo por su belleza, si no por su elegancia.

—Hola, sé que no me recuerda, pero hace unos meses estuve en este lugar, pasaba por una situación muy difícil y decidí entrar a tomar algo y olvidarme por un momento de los problemas que me atormentaban,  ­­­­— La voz que surgió de ella, denotaba la ansiedad de quien por fin encuentra lo que estaba buscando.

—Cuando estaba a punto de retirarme, se acercó a mí y me invitó una copa, dudé en aceptarla, pero necesitaba hablar con alguien, así que dejé que lo hiciera, sé que no recuerda nada de lo que comenté aquella noche y es lo mejor, “siempre es conveniente no saber mucho del pasado de las personas”, fueron las palabras que pronunció cuando quise saber algo sobre usted.

—Ahora, estando aquí, he roto la promesa que le hice, me pidió que no lo buscara y olvidara lo que vivimos aquella noche, pero no pude, porque su recuerdo acude a mí, mis sueños están llenos de su presencia, aun resuena su voz en mis oídos, todavía tengo la impresión de sus labios sobre mi cuerpo, sé que lo prometí, sin embargo aquí estoy, vine atormentada por la añoranza. Sé que me olvidó porque prometió buscarme y no lo hizo. — Las últimas palabras sonaron como un reproche que él no estaba dispuesto a aceptar.

—Prometo muchas cosas para obtener lo que quiero, así es como soy.  Tú también conseguiste algo, querías a alguien que escuchara tus problemas, y… — por un momento dudó en decirlo.

—¿Y qué? —preguntó ella.

—Y te brindara placer— dijo al fin. — Al menos en eso te cumplí. — Agregó con voz cínica.

—¿Alguien te ha dicho que eres muy bueno en eso? —preguntó en forma provocativa, ya sin la timidez del principio, confiada de que no sería rechazada.

—Todas lo dicen, si no con palabras, al menos con las señales inconscientes de sus  cuerpos.

—Yo no te busqué por eso.

— ¿Entonces qué fue lo que te motivó a buscarme?

— Porque percibí en ti una soledad que te has cansado de llevar, a mí me pasa lo mismo, por eso estoy aquí, para que la compartamos y dejemos de vivir cada uno en soledades individuales­.

—¿Qué te hace pensar que quiero compartirla contigo? Es cierto que eres una mujer hermosa, pero eso no es suficiente.

—Sé que puedo hacerte feliz si me dejaras acercarme a ti… —Su voz sonaba ansiosa y no quería que él lo notará, pero en su mirada percibió un cierto brillo que le demostró que no le era indiferente su propuesta, así que antes de que él pudiera decir algo, ella habló primero, liberando las palabras que había buscado decir desde el principio.

—Te propongo conocernos, jugar a enamorarnos, si se presenta la ocasión, amarnos profundamente, y si no funciona o no soy lo que buscabas, siempre nos quedará el recurso del olvido.

Fue todo lo que ella dijo, no pudo decir más, no importó, su argumento sincero le bastó para entender cuánto tiempo había estado buscándolo.

Él no dijo nada en ese instante, ni mostró reacción alguna ante aquellas palabras, pero por dentro analizaba las implicaciones de esa propuesta. Jamás lo había querido aceptar, pero desde tiempo atrás deseaba tener la oportunidad que ella ahora le brindaba, ansiaba conocer a alguien, preocuparse por ella, y sentir que alguien más lo hacía por él, aunque solo fuera un bálsamo que momentáneamente aliviara las cicatrices que la soledad le había marcado profundamente en su alma. La verdad él deseaba que se borraran para siempre y con ello muriera una parte de su ser, con la que había aprendido a vivir, de la misma forma que se aprende a tolerar un pequeño dolor. Al principio no le dio importancia, pero con el transcurso del tiempo comenzó a hacerse insoportable, porque sin darse cuenta invadió totalmente su pensamiento y cuando intentó terminar con ello, fue demasiado tarde, no lo pudo lograr, lo peor es que pensó que si lo hacía, la marca que dejaría sería mayor que el daño mismo; sentía temor de que la secuela pudiera ser más lastimera que la enfermedad que la causó.

La soledad que ha definido su vida y que ahora quiere alejar, encuentra que es muy difícil, ha echado raíces muy profundas en él que sabe que le costará trabajo quitar, porque están tan impregnadas en su alma que al quitarlas invariablemente le causarán un dolor muy amargo, es por eso que siente temor.

—Tal vez sea un error que te deje entrar a mi vida, quizás de mí solo consigas dolor y olvido, incluso aunque te esfuerces puede que yo nunca sienta nada por ti, solo el deseo natural que se siente por cualquier mujer. —Respondió al fin, tras salir de su profunda introspección que ella supo respetar.

—Yo me he dado antes la oportunidad de conocer y vivir el amor aunque también eso conlleve un poco de dolor, pero por tus palabras entiendo que tú nunca te has dado la oportunidad de amar a nadie, no tiene por qué ser así, todos debemos vivir el amor al menos una vez, aleja tus profundos miedos y deja de dudar, si no puedes lograr sentirlo conmigo, no te preocupes, yo sabré entender. Si al cabo de un tiempo no consigues quererme, entonces me alejaré, sin reproches, y podrás ejercitar eso que muy bien conoces: el olvido.

Fue una respuesta concisa, ella era una persona directa a la que no podía evitar con sus rodeos, con sus engañosas respuestas. Así que sin pensarlo más, decidió liberarse de sus cadenas y se lanzó a ciegas a un posible abismo.

—Siempre he llevado mi vida de forma segura, sin riesgos de ningún tipo, pienso que el amor es un mal innecesario, enloquece y hace sufrir cuando no es recíproco, pero sé que tú lo has vivido y no has dejado de buscarlo, puede que sea yo quien tenga un concepto erróneo del mismo. Nunca lo he tomado en serio, puede que deba hacerlo, nada daña tanto como la soledad, si a ella he sobrevivido, también podría hacerlo al amor, no es garantía de que te pueda llegar a amar, pero eres una mujer atractiva e interesante y me gustaría conocerte seriamente.

Lo anterior lo había dicho mirándola a los ojos, pero más que mirándola a ella, se estaba mirando a través de ella, reflejándose en sus ojos, eliminando sus dudas y dándole a conocer uno de sus miedos: amar con el temor de no ser correspondido.

—Muy bien­—Contestó ella, —ahora deseo conocer algo más de ti, tu amigo, el dueño de este lugar, no pudo o no quiso decirme nada­.

—¿Qué deseas saber?­—Inquirió él.

—¿Qué haces además de pasar las noches aquí? ¿Tienes algún empleo? — Preguntó ansiosa.

—Eso lo irás conociendo con el paso de los días, prometo contarte todo, pero yo tengo una pregunta, pocas veces la hago, pero contigo será inevitable—guardó silencio por un instante, dio un tragó a su copa y mirándola nuevamente a los ojos, preguntó— ¿Cómo te llamas?­

—Me llamo Sofía…—Quiso decir algo más, hacerle un reproche, pero lo evitó… porque le había dicho su nombre la primera vez que se vieron, incluso él lo había susurrado mientras le hacía el amor, pero como todo lo que pasó esa noche, él lo había olvidado. Era algo que ella pronto comenzaría a entender.

—¿Cuál es el tuyo?—Se limitó a devolverle la misma pregunta. Entendía que debía actuar con cuidado o solo conseguiría que él se alejara, como siempre, como con todas.

—Martín —Fue su parca respuesta…

III. 

Otro hotel, la misma piel, pero esta vez el encuentro contrastó en que no hubo despedida como antes, solo un poco de nostalgia. Aunque de ella le quedaban pocos pensamientos tal vez difusos, pero la recordaba, después de besarla, la sintió igual que la primera vez, era una piel que no había olvidado, eran besos que tenía presentes, su presencia dejaría de ser ese fantasma que llegaba a sus sueños y lo torturaba, porque la miró y la pudo reconocer, era el mismo rostro que llegaba a sus sueños y lo encontraba  en él, su mente guardó ese recuerdo, su corazón alojó por primera vez una pequeña emoción.

Cada noche, por los últimos tres meses, siguieron frecuentándose, se habían reunido en el bar, luego cenado, y como siempre después de cada cita, terminaban en su departamento haciendo el amor. Esa convivencia habitual que había mantenido con ella, estaba dando frutos, su paciencia, su ternura y su alegría sin igual, estaban transformando su forma de ser, cambiaban cada momento su manera de concebir la vida, había comenzado a odiar su soledad y le había despertado un hambre de quedarse y de amarla de forma intensa, estaba cansado de ser una constante despedida y una eterna ausencia, a su lado entendía que no siempre debía ser así, sus miedos estaban justificados entonces, si no se dejaba conocer además de ser por el miedo, era porque algo dentro de él le indicaba que tantas otras no eran las indicadas, y el desgaste sufrido en tantas noches, desahogando la soledad en cuerpos desconocidos, eran una expiación necesaria, a fin de estar libre de ese vacío que se había formado como protección y barrera ante quien deseará acercarse a él.

No conoce el amor y no sabe si a eso que lo invade pueda llamarlo así…

Las mañanas han sido desde entonces diferentes, a causa de ese sentimiento que poco a poco ha ido creciendo dentro, casi sin darse cuenta. Y es que a cada momento que piensa en eso que otros llaman amor, la imagen de Sofía llega a su mente instantáneamente, provocándole un sentimiento contradictorio, sus prejuicios son tan grandes que no sabe cómo deshacerse de ellos, son fuertes y difíciles de olvidar, aunque por primera vez, está dispuesto a convencerse de que es capaz de dar amor a otra persona, y es también capaz de recibirlo.

IV. 

Después de un sueño reparador se despertó temprano al día siguiente, solo que este amanecer fue diferente, ya no sintió la misma desolación de siempre, el mismo vacío perturbador que lo laceraba y que lo hacía huir cuanto antes de otras mujeres, de tantos  brazos desconocidos. Esta vez con ella, experimentó una sensación de plenitud. Por un instante, se sintió feliz. La miró. Ahora ella dormía. Pensando en algo que lo inquietaba por ser un sentimiento desconocido, al tenerla tan cerca, sentía la urgencia de abrazarla,  besarla y descubrir lo que su alma guardaba para él. La besó tiernamente, y se quedó dormido de nuevo, no lo supo entonces, pero se había comenzado a enamorar.

Al cerrar los ojos, su imagen aparecía entre sueños, comprendió que mientras más deseaba no pensar, mayor era el recuerdo que lo embargaba. Era la imagen de un tenue amor que crecía. Ahora había encontrado a la persona idónea, su rostro coincidía con la imagen de sus sueños, era una premonición que le indicaba que había alguien buscándolo y que solo necesitaba dejarse encontrar. El sabía que esa sensación de plenitud, difícilmente podría encontrar en alguien más.

—¿Has tenido muchas mujeres en tu vida? —Preguntó esa noche.

—Sí, pero han sido tantas, que no las recuerdo bien, con frecuencia eran solo la sombra de alguien que desaparecía sin hacer ruido por la madrugada, entonces nada me quedaba, solo el aroma de las despedidas prematuras y un amargo recuerdo con el que debía lidiar, por eso me volví experto en olvidar. — Respondió.

—Aunque las otras mujeres jamás significaron nada. — Repuso a modo de defensa.

—No mientas, alguna huella deben haber dejado.

—Ninguna, solo la de la soledad y alguna cicatriz interna en el corazón, que limitaban el amor.

—Se sincero conmigo.

—Lo soy. Con frecuencia busqué en ellas lo que no tenía en mí y era una tontería querer recibir lo que yo no podía ofrecer, y un día entendí que si daba mi soledad y entregaba mi vacío interno, solo eso recibiría. Solo coseché soledad en cada cuerpo que se entregaba a mí, en aquellas mujeres tan solitarias, inclusive más que yo.

— ¿Disfrutabas las noche así, en medio de esos encuentros furtivos? —Cuestionaba tratando de entender cómo había sido su vida antes de que llegara ella.

—Era el único tipo de cariño que había recibido, el único tipo de amor que conocía, ni siquiera sé si a esos encuentros se les puede llamar amor. Solo estaba presente el deseo y cuando este se terminaba, no había un lugar, ninguna mujer que contuviera mi soledad, por eso huía sin dejar huella en la vida de nadie.

—Debe haber sido difícil afrontar la vida de esa manera.

—Todo en la vida es costumbre, y si no recibes amor, te acostumbras a vivir así. No disfruté nunca de esa vida, pero era lo único que tenía, y por eso me aferraba a ella, era un simple naufrago desesperado que se aferraba a lo que tiene cerca para no hundirse, aunque con el tiempo, eso termina por sumergirnos más. Así fui yo antes de conocerte, me adentré en una oscuridad que no merecía. Había escuchado historias del amor, del sexo motivado por ese sentimiento, y a tu lado, he comprobado que es diferente.

—No intentes mentir para halagarme. — Expresó un tanto molesta.

—No, ya sabes lo que siempre han dicho del sexo, que es diferente cuando…

—¿Cuándo?

—Cuando quieres a alguien. Nunca había querido a nadie… hasta ahora.

Con un beso selló sus labios, esa breve charla le bastó a ella para saber que había conseguido penetrar la dura barrera de su soledad. Su paciencia rindió frutos, se había ganado su corazón, porque siempre supo que el amor es más un acto de lucha, de perseverar, de estar, de entregarse incondicionalmente sin forzar, de no desfallecer incluso en los días más grises del desencanto. El amor es armarse de valor y encontrar en una persona ordinaria virtudes, e inclusive defectos, que convirtieran a ese alguien en especial.

Él, ahora comprendía que la que un día fue la extraña a su lado, se convirtió en la mujer destinada, con la que se despidió de sus miedos, en quien desvaneció una melancolía insulsa y junto a quien aprendió a amar.

Supo entonces que el tiempo infinito de su soledad, había por fin terminado.

AHE

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Soy lo que tú eres.

24 marzo, 2012 at 12:41 (literatura) (, , , , , , )

Sol:

Eres un artista del amanecer,

pintas de infinitas tonalidades el cielo,

y cuando me despiertas

te veo inundando los verdes valles

donde el horizonte está lleno de ti.

Luna:

Eres un ave nocturna,

elevando sus alas

rumbo al firmamento

y dejas secuelas en la noche,

agujeros de amor profético.

Viento:

Eres un canto de vida,

cuya voz es el silencio

que viaja veloz y sereno.

Vagas libre, sin impedimentos,

hacia un destino: la eternidad.

Noche:

Eres el misterio que no alumbra

con tu inmensa oscuridad desolada,

sin embargo tu tragedia es sucumbir

a la primera e imperiosa llamada del día.

Eres luciérnaga que muere ante la luz.

Paz:

Eres el camino que ya nadie transita,

perdida en el orgullo del hombre,

nadie te ve, porque están doliéndose.

Yaces en la cueva del ego, escondida.

Perdiéndote lejos, en alguna parte.

Amor:

Eres el que me busca sin descanso,

para que descanse en tu regazo,

el que sabe que lo necesito.

El que me llama y al cual nunca acudo.

no esperas nada, solo que atienda tu llamado.

Naturaleza:

Eres el poema vertido en el árbol

en espera de ser leído por alguien,

que grita sin cesar ser respetada.

Eres ocaso que, tristemente perece,

en la sombra de un viejo y caduco planeta.

Vida:

Eres aquello que alguna vez perdimos.

En el camino volveré a encontrarte intacta,

como si nadie jamás te hubiera robado.

Eres esa llama que se bate desnuda,

en una eterna lucha con la muerte.

Esta entrada es el resultado de otro poema, llamado “Soy”. La idea original es de una excelente amiga y escritora (transmitidora de emociones, como yo la llamo) @la_bio.

El mérito es completamente de ella, este servidor únicamente se limitó a ordenar palabras, anexar puntos y comas, si acaso me tomé el atrevimiento de darle un enfoque distinto a sus palabras.

Este poema es para ti

Maite

                                                                          AHE

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Inconclusión

2 diciembre, 2011 at 18:49 (literatura) (, , )

La noche fría y serena me invade
me hace pensar en ti.

He pasado muchas noches como ésta,
recriminándome por mi carácter cobarde
que te hizo alejarte de mí.

He tratado de decir ¡basta!
pero no consigo que mi mente olvide.

Preguntándome donde estarás observo a las estrellas
esperando que me digan si eres feliz, si tu vida es plena.

Dicen que soy un tonto por recordarte
que hay infinidad de mujeres, de chicas bellas
que terminarían con mi soledad y mi pena,

pero es difícil hacerlo, no puedo dejar de amarte
a veces quisiera odiarte, porque no consigo olvidarte.

No me queda mas que esperar a que la luna
algún día mi amor por ti consuma.

AHE

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El sueño de la soledad

14 abril, 2011 at 23:45 (literatura) (, , )

No seré el que a tus sueños llegue

todas las noches causando dolor.

Soy el que cambia, soy el que olvida,

no soy sueño convertido en amor.

 

No soy el que lo causa, es tu cuerpo frio

lo que te da la certeza de tu soledad.

Solo pasó, llegué aqui, soy casualidad

no te mentiré, no tengo esa cualidad.

 

No soy ese sueño que tú buscas

naufragas, perdida, y me llamas

pero yo no soy tu salvación

atada a mis cadenas fácilmente  te hundirías.

 

Soy rumbo incierto, no soy puerto ni destino,

quizás solo el faro que alumbrará tu camino.

Navega, viaja y descubre, al final en tu horizonte

encontrarás a  quién, tus sueños convierta en amor.

 

 

AHE.

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Pasión incesante por una mujer irreal.

19 marzo, 2011 at 0:55 (literatura) (, , , )

The lady on the piano Photo By: arhadetruit http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=8759641

Con todos los sentidos completamente alborotados por la música y el alcohol, contemplaba embelesado la visión inimaginable que tenia frente a mí. Las luces fulgurantes iluminaban tímidamente a la chica que bailaba, lenta, sensual, provocativamente, despertando los deseos más perversos de quienes la observaban, sé sabia acariciada con las miradas y le gustaba sentirse deseada, se había acostumbrado a eso tras repetir cada noche el excitante rito que invitaba al amor. Era su trabajo y lo hacia cada vez con mayor gusto, liberada al fin de los tontos prejuicios que mantenían atado su pensamiento y era libre cada vez mas, mientras menor era la cantidad de prendas que cubrían su cuerpo. Al verla bailar de esa manera era fácil pensar que esa rutina la había practicado tantas noches con la misma pasión, pero no, contrariamente a lo que se pudiera creer, la increíble y desmesurada experiencia que mostraba eran más reflejo del instinto de salacidad que de la practica constante. De pronto, me encontré envuelto en un abismo de sensaciones embriagadoras que perturbaron todo mi ser y decidí abandonarme al goce total de mis sentidos. Recorrí, examiné, registré y guardé en mi memoria hasta el detalle más pequeño de su extraordinaria anatomía, ávidamente mis ojos la recorrieron de pies a cabeza, con tal delirio y menester como si fuera la última visión que tendría de este mundo. Sus pies medianos, sus piernas esbeltas de muslos firmes sostenían unas caderas excitantes que enmarcaban aun más la delgadez de su cintura, la piel bronceada de sus senos, sus pezones claros y la hermosura de su rostro la hacían parecer una diosa del amor. Sin embargo, la candidez de su mirada inocente y la brillantez de sus profundos ojos negros le daban un aspecto de ingenua rebeldía y sin quererlo mis ojos se perdieron allí, casi sin razón ni lógica, pero la imperiosa costumbre de tratar de conocer a las personas a través de los ojos, que según dicen, son una ventana del alma, me condujo hacia una aventura de consecuencias inimaginables que me hicieron conocer la dilección que se podría profesar por aquella mujer.

Mis ojos, hipnotizados por aquellos movimientos de delirio, la seguían, movidos por una fuerza propia, como si no formaran mas parte de mi cuerpo y fueran totalmente independientes. En ese instante nuestras miradas se encontraron por primera vez y pude ver con mayor claridad lo que su alma guardaba, una profunda soledad y una inmensa necesidad de amar y de sentirse amada y protegida por alguien. Aun ahora no puedo entender lo que ella pudo percibir en mi mirada huidiza, quizás sintió lo mismo que yo, tal vez vio en mi la misma soledad que la aniquilaba lentamente y por una razón inexplicable, pudo ver en mi a un compañero incondicional con el que pudiera compartir y enfrentar de una manera menos dolorosa el peso de la terrible carga que significa la vida, tan simple e inofensiva, pero era eso justamente, la simplicidad, el tedio de la rutina, lo que podía convertirla en un suplicio sino se contaba con la fuerza y la voluntad para afrontarla, y precisamente ocurrió lo que ambos buscábamos, de una necesidad mutua surgió la complicidad de dos personas que solo deseaban encontrar una justificación para vivir.

El baile terminó cuando ella, al realizar un movimiento espectacular, quedó completamente desnuda, las luces dejaron de iluminar su silueta. Con la misma premura con que apareció, recogió las diminutas prendas que la cubrían y se marcho por una pequeña puerta detrás del escenario. El ambiente quedó impregnado de un halo magnético como un aroma que envolvió y sumió en un estado de letargo a todo aquel que tuvo la dicha de presenciar la visión irreal de aquella mujer perturbadora. Fue un momento eterno interrumpido por la aparición de otra chica a la que no vi, no porque no quisiera, sino que había otra razón y es que la imagen de aquella mujer se había quedado en mi cabeza, era una sensación que me inquietaba, mas de lo que hubiera querido, para la cual solo habría una solución tanto idónea como peligrosa, pero a fin de cuentas, la adrenalina en mis venas y la emoción de mi corazón me obligaron a abandonarme y dejarme conducir por el azar de aquel destino incierto.

Apuré el contenido de la copa en mi mano y salí del lugar. Me sorprendió la belleza y tranquilidad de la noche cubierta de estrellas, largo rato permanecí inmóvil contemplándolas, absorto en los presentimientos y premoniciones de que no podía haber una noche tan perfecta como aquella, para iniciar el idilio mágico entre dos personas que solo se habían visto un instante en medio de las penumbras y el humo de aquel bar inhóspito, pero que se habían reconocido a través de ese entrecruzamiento de miradas y percibieron en ellas el amor reciproco de dos almas destinadas a conocerse y estar juntas hasta el final de sus días.

Decidí esperarla, no importaba cuanto tiempo, porque no había otro lugar a donde ir y porque además no quería ir a ningún lado sin antes volver a verla. Muchas personas pasaron antes de que la viera salir de ese lugar, tan indigno de ella. Parecía otra. Lucía totalmente diferente. La miré acercarse. La luz de la luna llena me permitió observarla con mayor claridad y con un detenimiento que a cualquier otra mujer hubiera molestado, pero que al contrario de lo que pensé, a ella parecía agradarle. Llevaba un vestido rojo que dejaba al descubierto la excelsitud de un vientre plano que enmarcaba la silueta de un cuerpo perfecto. Admiré su rostro, sus labios rojos y carnosos que me parecían el principio de un camino hacia el placer, aquellos ojos negros lucían aun más bellos resaltados por unas pestañas largas y rizadas y unas cejas delineadas finamente como por las manos de un artista, y que sin embargo seguía percibiendo en ellos el mismo sentimiento de tristeza, de recuerdo por la nostalgia de un pasado mejor. Era una mujer bellísima rodeada por un aura de misterio y soledad. No pudo seguir soportando el peso de mi mirada, le sonreí y decidí acercarme, al hacerlo, me percate de que reconoció en mi a la persona que la había contemplado antes con inocencia, casi con ingenuidad y en cuyos ojos percibió el brillo de un sentimiento que no reflejaba malicia, mas bien extrañeza de que una mujer como ella necesitara bailar en un lugar como aquel.

Tenia 23 años y dijo llamarse Marcia, hasta hoy no he comprobado si dijo la verdad o fue una mas de las cosas que me quiso ocultar. Charlamos varios minutos sobre cosas superficiales, banales, porque entendí que era mejor no saber todo de ella y además parecía no estar dispuesta a contarme nada acerca de su vida. A decir verdad yo era feliz con el simple hecho de estar cerca de ella, escuchando su voz, aspirando su aroma, contemplándola solamente, y es que era muy difícil estar a su lado sin enamorarte, toda ella era un alarde de belleza y sensualidad inquietante, una imagen que percibían tus ojos y penetraba hasta lo mas profundo de tu mente, llegaba a tu alma y sabias que seria imposible sacarla de allí. Era inevitable voltear a verla cuando caminaba, sus formas sugestivas y sus caderas provocaban, a todo aquel que la quisiera ver, los pensamientos mas negros y perversos que la conciencia pudiera crear y hasta en las mujeres ejercía tal magnetismo que tenían que hacer un gran esfuerzo para no demostrar el deseo que en ellas despertaba.

No fue difícil convencerla de que me acompañara a mi departamento, entre los dos había surgido tal atracción que ya era imposible contenerla, aunque parecía que decidió ir conmigo solo porque en cada acción y palabra le demostraba una idolatría tan grande que la hacia sentirse muy especial, la trate con dulzura, sin lascivia, para mi no representaba la imagen de una mujer pecaminosa que se desnudaba por dinero, por el contrario a mi me parecía una chica normal, totalmente libre, sin inhibiciones ni ataduras que la condicionaran a la rigidez de una vida convencional. Ella se dejaba llevar por el momento <<< la vida es hoy no mañana, así que tratemos de disfrutarla sin importar lo que el tiempo traiga después >>> me dijo un día y para mí fue como un bálsamo que calmo momentáneamente mis temores e inseguridades.

Entonces nos encontramos solos en aquella habitación a media luz, descubriendo el máximo placer creado para un hombre y una mujer. Lo disfrutamos varias veces, llegando a un éxtasis que nos hizo desfallecer y cuando la falta de energía corporal nos impidió seguir amándonos, nos entregamos a una profunda adoración de nuestros cuerpos, conociéndonos por medio del tacto, del olfato, del gusto, de la vista. Purificando nuestras pieles con las caricias, limpiamos nuestras almas con los susurros dichos al oído, en los que nos prometíamos lealtad eterna. Y cuando todo terminó éramos dos seres que se pertenecían, que habían olvidado su pasado, y no tenían más las cicatrices producidas por las fornicaciones de tantos encuentros sexuales anteriores al amor.

Sin embargo, lo que parecía ser la felicidad perfecta, no lo fue así, porque me despertó el frío de una cama sin compañía. Se había ido. Yo esperaba una despedida que no me dio. El sueño parecía haberse terminado.

Decidí buscarla y de nuevo me vi sentado en un rincón de aquel bar. La observé bailar y despertar las pasiones. La esperé en el mismo lugar y allí mismo llegó, todo se repitió tal y como la noche anterior y por un instante tuve la impresión de vivir un momento repetido, pero no quería experimentar, otra vez, la sensación contradictoria de tenerla despierto para luego perderla dormido.

Le ofrecí un amor intenso, dedicarle todo mi tiempo, llegue a confesarle el profundo enamoramiento que había despertado en mi corazón frío, pero no fue suficiente para ella. Me dijo que me quería, pero adoraba la libertad de vivir sin más dueño que la necesidad de sentirse admirada, y aunque busqué las razones que la motivaban a ello, no las encontré. Así que me tragué mi orgullo e hicimos el pacto de ser amigos, compañeros y amantes y vivir algo tan parecido al amor pero sin los problemas que genera este sentimiento, y sentíamos algo que podía ser amor y así lo queríamos creer, pero por dentro los dos sabíamos que definitivamente no lo era.

Ambos llevamos a cabo ese pacto que tenía más desgracias que alegrías, aunque era un precio muy alto, no nos importó. Yo quería que me amara, ella no quería hacerlo, porque no estaba acostumbrada a vivir la vida de esa manera, y sabia que de demostrar el amor que guardaba, podría convertirse en la rutina que arrasa con todo, esa rutina a la que tanto temía. Así que la indiferencia y frialdad que en ocasiones me daba, decía que eran necesarias para que el deseo creciera sin medida, y de esta forma decidimos continuar juntos, fingimos ser completos desconocidos al despertar y por las noches nos volvimos amantes compulsivos, sin refrenar nuestras pasiones conocimos el camino mas corto hacia la felicidad. Aunque no pretendía cambiarla, tampoco soportaba el sentimiento que me provocaba su libertad procaz y prefería tragarme mi arrogancia antes que perder la dicha de su cariño.

Ha pasado el tiempo, y hoy solo sé que esto es un tormento inicuo, inmerecido, pero ¿qué puedo hacer? La retribución es superior a la expiación que ofrezco a cambio de la ternura y afecto que me entrega cada noche. Y a pesar de que me he repetido muchas veces que esto no puede conducir a nada bueno y he tratado de terminar con este sentimiento, no he podido, es mas fuerte que yo, no puedo refrenar mis deseos, no soy dueño de mí y como todas las noches desde hace varios meses, estoy aquí de nuevo, invadido por la misma ansiedad que experimenté la primera vez que la vi bailar. No puedo esperar mas, siento la exasperación de los minutos, de cada segundo que pasa como si fuera el tiempo de los siglos interminables de una soledad irrisoria. Necesito verla, ansió que salga a cumplir con aquel rito que enloquece a todos. Entonces mi ansiedad termina. Las luces se apagan. Se ilumina el centro de la pista y ella aparece. Me dejo llevar por aquel magnetismo, me pregunto con que me sorprenderá esta noche, sabiendo que tendré el privilegio de revivirlo mas tarde, a solas, sin prisas, siendo nosotros los dueños de un tiempo que parece detenerse por la fuerza del amor, de nuestro deseo y soledad, por la idolatría que nos profesamos o tal vez por la dilección de nuestros corazones.

Lentamente la chica comienza la danza hipnotizante de delirio. Inicia otra vez la liturgia, el rito que invita al amor. Ella cumple una vez mas su sueño, todas las miradas se concentran en ella, de nuevo experimenta el deseo y las caricias imaginarias de aquellos espectadores. Entonces sucede, reconoce la energía vivificante que le brinda una vida sin cadenas, siendo dueña de su albedrío, goza de aquel éxtasis de libertad. Vuelve a sentirse libre… una vez más.

Ella por un momento observa a su publico, se conmueve con la exacerbación de los sentidos de aquellos incrédulos espectadores que la admiran y la ven inalcanzable, tal y como yo la veo ahora, como la he visto siempre desde el primer día.

La chica termina la evolución de movimientos y con ello disminuye su ansiedad febril, aunque solo sea por hoy y mañana aunque no lo quiera, esa misma ansiedad la arrebate de mis brazos con tal fuerza que tal vez nunca regrese a mi lado. Sé que algún día sucederá, pero mientras pase, seré feliz porque tendré la suerte de ser el único mortal que disfrute del amor de aquella diosa del placer.

AHE

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RECUERDOS

4 marzo, 2011 at 23:45 (Sin categoría) (, )

Subo el volumen de la radio al escuchar las primeras notas de aquella vieja canción. Ha comenzado a anochecer y hace frió, no puedo esperar otra cosa en esta noche de invierno. Estoy sentado junto a Erika, mi esposa, frente a una chimenea encendida que no me proporciona tanto calor como su compañía; es con ella con quien he compartido noches completas de una vida entera. Instintivamente la miro, los ojos cerrados, la respiración tranquila, me cautiva su aspecto dulce e inocente, me vuelvo a sentir nuevamente enamorado, como en aquel lejano primer día. Quisiera despertarla, quisiera que escuchara esa canción, aquella que bailamos el día en que comprendí que era ella la respuesta a todos mis sueños.

En su rostro dormido se marca una tenue sonrisa, como si presintiera que pienso en ella, a mi pensamiento  llega un  recuerdo, una resonancia que ha vivido en nuestras mentes durante muchos años, en forma de una dulce canción de amor.

<<baila para mi, no pares no, baila para mi y nos sorprenderá el sol>> pronuncio las palabras de la canción que escucho en la radio, las susurro en su oído, con delicadeza y dulzura, pero a la vez con la intención vehemente de despertarla. No lo hace. Y yo ceso en mi empeño al observar su cuerpo frágil y el candor que de ella emana. Debo dejarla descansar, lo necesita y lo se muy bien; el doctor me  ha dicho que su enfermedad le permite muy poco reposo y que cuando pueda debe descansar muy bien. Pero es que realmente desearía que recordara lo que yo recuerdo, que sintiera lo que ahora revivo, que reviviera lo que ahora siento.

Son pocos los recuerdos que aun conservo en mi mente, el tiempo se ha llevado uno tras otro, lentamente, y solo me ha dejado uno muy especial, el mejor de todos,  sigue siendo tan real que pareciera que no ha terminado todavía. Mi mente se detiene en él y comienzo a divagar… cierro los ojos y mi sueño se comienza a recrear.

Escucho música suave, tan lejana que parece no existir en este instante y fuera solo el murmullo de un sonido guardado en el tiempo. En un lugar a media luz, donde dos siluetas se unen en un abrazo, y bailan juntos disfrutando de la canción y de su mutua compañía, él le dice al oído a ella que por siempre juntos estarán y que este momento nunca de sus mentes se podrá borrar. Entonces me reconozco en esa persona y la reconozco a ella también, rodeando mi cuello con sus brazos, sus ojos me miran fijamente y percibo en ellos el brillo que refleja un amor que nació para no terminar jamás. Estrecho su cintura con mis manos, aspiro el perfume de su piel, el aroma de su pelo que me envuelve, el vaivén de su cuerpo que se mueve lenta, cadenciosa, sensualmente y ese ritmo subyugante provocan en mi un estremecimiento que viaja por mi sangre y recorre todo mi cuerpo. Es un mareo de amor, ocasionado por la emoción de tenerla entre mis brazos, que me hace sentir el frenesí que nubla mis sentidos y lleva mi ser a un lugar donde solo existimos los dos y en donde solo necesito su compañía para ser feliz.

En la radio, la canción termina, y junto a mi, en ese momento, ella despierta, diciéndome que creyó escuchar entre sueños, aquella canción que dio inicio a nuestro amor, y nos soñó juntos, abrazados, reviviendo el sentimiento que surgió en nosotros hace muchos años. Entonces compruebo, una vez más, que nuestros pensamientos son solo uno, en dos cuerpos distintos.

Me pongo de pie y voy hacia el desván, donde sé que encontraré lo único que necesito para revivir lo que ella soñó. La cinta donde quedó grabada la melodía de nuestro infinito amor. Con pasos lentos, cansados, casi perdidos, regreso a su lado, arrastrando una vejez que me permite hacer muy pocas cosas ya, pero con el ánimo renovado en mi corazón lleno de amor. Y mientras espero que de la radio surjan las primeras notas, tomo su mano delgada y casi tan pálida y débil como la mía, haciendo que se ponga de pie, llevo mis manos hacia su cintura al tiempo en que sus brazos rodean mi cuello. La canción comienza. Y con ella, la reafirmación de nuestro amor. Aunque los años se hayan llevado nuestra vitalidad y hayan dejado marcas en nuestros cuerpos, las almas siguen intactas, manteniendo vivo el sentimiento que nos unirá hasta el final de nuestros días.

Entonces nos vemos con detenimiento, somos dos cuerpos marchitos, que al bailar medio abrazados, medio sonrientes, buscaremos la nostalgia de un momento mágico que solo se repetirá en las memorias imborrables de nuestros corazones.

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Mi princesa

4 marzo, 2011 at 23:39 (literatura) (, )

Me preguntan que porque te quiero

y es muy fácil de decir.

Te quiero porque éramos dos almas perdidas

que juntos encontramos una razón para vivir

porque luchamos por alcanzar nuestros máximos anhelos

sin rendirnos por los tropiezos que tenemos.

Te quiero porque no guardamos secretos en nuestras vidas

al contrario, compartimos emociones y vivencias que nos unen

porque estando a tu lado puedo al fin sonreír

ser como soy, sin tener que usar mascaras, ni mentir.

Te quiero porque comprendes mi frustración y mis enojos

y entiendes lo que me pasa, solo con mirarme a los ojos,

porque es inútil tratar de ocultarte lo que siento

eres capaz de saber si soy sincero o te miento.

Te quiero porque eres mi musa, mi inspiración,

a ti te dedico mis poemas, mi tiempo y mi oración

porque en ti descubro la felicidad y el amor

que me hacen crecer y ser mejor de lo que ahora soy.

Te quiero porque eres amiga, compañera y amante,

mi tentación, mi pasión, un amor incesante

porque en ti encontré a la mujer

a la que nunca dejare de querer.

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Yo te pierdo

5 enero, 2011 at 0:54 (Sin categoría) (, , )

Eras soledad y jugabas conmigo

sombras en tiempos perdidos

creí conocerte eras mi destino.

Te enojas nuevamente

así que cuido todo lo que digo,

en tu furia, con tus celos

me intimidas.

Acometes y atacas de nuevo

con palabras que dañan

tus ojos destellantes de ira

y no lo notas.

En el silencio tus gritos

degollando mis ilusiones,

acercarme a ti es tan difícil

¿entenderte o alejarme?

el dilema de mis noches,

nada pierdo de ti

porque nada tengo

solo el enojo que provoco.

En pelear se van los días

las noches en amores suicidas.

El placer se presenta

el dolor esta ausente

mis manos en tu cintura

tu agradable compañía.

Durante esta madrugada fría

a tu calor me aferro

a tus caricias a tu cuerpo

sin embargo aun sigo solo

buscando aquello con lo que

de mi se llene tu corazón.

Perdemos, yo te pierdo

no juntamos lo que se necesita

alcanzar aquello que te lleve al otro día

mis palabras ya dichas y agotadas

mil veces pronunciadas

tu caricia diaria, irrepetible,

extrañándola en las mañanas

y la sensación irremediable

de sentir que…

Perdemos, yo te pierdo.

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Otoño

4 diciembre, 2010 at 23:41 (literatura) (, , )

<p><a href="http://www.freedigitalphotos.net/images/view_photog.php?photogid=1256">Image: Evgeni Dinev / FreeDigitalPhotos.net</a></p>

Son sus labios carnosos color carmín

como un fruto maduro, delirante y prohibido

que al besarlos y morderlos

te hacen sentir un placer sin fin.

Por un momento te sientes desinhibido

en aquella noche oscura

donde las caricias de amantes invisibles

que se prodigan sin premura

no se ven, tan solo se sienten

el sonido de los besos no se escucha

pues se pierde entre los suaves murmullos

ahogados suspiros de amantes encendidos

que sin temor a nada desbordan sus ansias

calman sus deseos, como juegos de infancia

y sin lujuria, viven un amor puro y tierno

sin prejuicios que lo conviertan un infierno.

De los árboles caerán las hojas

y aunque es otoño y el viento sopla

los amantes se consumirán entre las llamas rojas

de la pasión que nace cuando dos cuerpos se acoplan.

 

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