Flores y ausencia

15 junio, 2013 at 23:59 (literatura) (, , , )

No lo supe entonces, sino años después, la razón por la que ella se volvió mi mayor obsesión, fue por haber sido la única mujer que resultó inmune a mis palabras y mis letras. Con tantas otras jugué y ella me hizo pagar por ello.

Yo era, en aquellos días inciertos, un incipiente escritor que gozaba de un éxito inesperado; siempre rodeado por mujeres, seductor consumado, apasionado del amor, tan cercano a ser infiel, la lealtad era una palabra desconocida para mí. Conocerla a ella pudo haber sido un buen estimulo para cambiar, desgraciadamente fue una oportunidad que no quise aprovechar. Acostumbrado a obtener las cosas fácil, sin esfuerzo, ese amor digno de atención se escapó de mis manos, se filtró y se diluyó, como sombra en medio de las tinieblas de la noche, huyendo de esa vida artificial, efímera, sin apegos, como la que entonces solía llevar.

Me di cuenta que la poesía sirve para enamorar, pero también y creo, aun mucho más, sirve para revivir dolores profundos que por ello se creían olvidados, aunque no lo estén. Así sucedió con ella, no me alcanzaron las tardes para añorarla, menos las noches para llorarla; por tanto el tiempo de los días me resultaba insuficiente, debido a que lo perdía en el inútil esfuerzo de reemplazar su recuerdo, intentando perder la memoria y el amor en el tráfago de recorrer otras vidas, conociendo a otras mujeres que, aunque bellas, no lograban hacérmela olvidar.

Ella no solo era costumbre, siempre fue un recuerdo violento, una obsesión a la que atribuía mi nostalgia, cercana y presente en los recuerdos largamente repetidos. Pero así pesa la ausencia cuando se tiene todo lo que nunca se buscó y es negado lo importante; el sueño del amor verdadero.

Por eso, cuando me di cuenta de lo fútil y cansado que resultaba pasar la vida extrañándola, me vi de nuevo regresando a aquellos años, como un alma en pena que recula sobre sus pasos buscando la vida que perdió. Sin embargo, una búsqueda inútil me aguardaba, porque entonces no sabía que ella verdaderamente era el fantasma de un pasado que pude haber dejado descansar, pero no lo hice y ahora me tortura, porque todos los días sigo recordándola, continuo sufriendo por ella; esta vez acompañado por flores que ella no puede ver, tampoco tomar entre sus manos, porque quién las recibe es una fría lápida, que no ve mis lágrimas y mucho menos escucha mis palabras.

 

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AHE

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