Pasión incesante por una mujer irreal.

19 marzo, 2011 at 0:55 (literatura) (, , , )

The lady on the piano Photo By: arhadetruit http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=8759641

Con todos los sentidos completamente alborotados por la música y el alcohol, contemplaba embelesado la visión inimaginable que tenia frente a mí. Las luces fulgurantes iluminaban tímidamente a la chica que bailaba, lenta, sensual, provocativamente, despertando los deseos más perversos de quienes la observaban, sé sabia acariciada con las miradas y le gustaba sentirse deseada, se había acostumbrado a eso tras repetir cada noche el excitante rito que invitaba al amor. Era su trabajo y lo hacia cada vez con mayor gusto, liberada al fin de los tontos prejuicios que mantenían atado su pensamiento y era libre cada vez mas, mientras menor era la cantidad de prendas que cubrían su cuerpo. Al verla bailar de esa manera era fácil pensar que esa rutina la había practicado tantas noches con la misma pasión, pero no, contrariamente a lo que se pudiera creer, la increíble y desmesurada experiencia que mostraba eran más reflejo del instinto de salacidad que de la practica constante. De pronto, me encontré envuelto en un abismo de sensaciones embriagadoras que perturbaron todo mi ser y decidí abandonarme al goce total de mis sentidos. Recorrí, examiné, registré y guardé en mi memoria hasta el detalle más pequeño de su extraordinaria anatomía, ávidamente mis ojos la recorrieron de pies a cabeza, con tal delirio y menester como si fuera la última visión que tendría de este mundo. Sus pies medianos, sus piernas esbeltas de muslos firmes sostenían unas caderas excitantes que enmarcaban aun más la delgadez de su cintura, la piel bronceada de sus senos, sus pezones claros y la hermosura de su rostro la hacían parecer una diosa del amor. Sin embargo, la candidez de su mirada inocente y la brillantez de sus profundos ojos negros le daban un aspecto de ingenua rebeldía y sin quererlo mis ojos se perdieron allí, casi sin razón ni lógica, pero la imperiosa costumbre de tratar de conocer a las personas a través de los ojos, que según dicen, son una ventana del alma, me condujo hacia una aventura de consecuencias inimaginables que me hicieron conocer la dilección que se podría profesar por aquella mujer.

Mis ojos, hipnotizados por aquellos movimientos de delirio, la seguían, movidos por una fuerza propia, como si no formaran mas parte de mi cuerpo y fueran totalmente independientes. En ese instante nuestras miradas se encontraron por primera vez y pude ver con mayor claridad lo que su alma guardaba, una profunda soledad y una inmensa necesidad de amar y de sentirse amada y protegida por alguien. Aun ahora no puedo entender lo que ella pudo percibir en mi mirada huidiza, quizás sintió lo mismo que yo, tal vez vio en mi la misma soledad que la aniquilaba lentamente y por una razón inexplicable, pudo ver en mi a un compañero incondicional con el que pudiera compartir y enfrentar de una manera menos dolorosa el peso de la terrible carga que significa la vida, tan simple e inofensiva, pero era eso justamente, la simplicidad, el tedio de la rutina, lo que podía convertirla en un suplicio sino se contaba con la fuerza y la voluntad para afrontarla, y precisamente ocurrió lo que ambos buscábamos, de una necesidad mutua surgió la complicidad de dos personas que solo deseaban encontrar una justificación para vivir.

El baile terminó cuando ella, al realizar un movimiento espectacular, quedó completamente desnuda, las luces dejaron de iluminar su silueta. Con la misma premura con que apareció, recogió las diminutas prendas que la cubrían y se marcho por una pequeña puerta detrás del escenario. El ambiente quedó impregnado de un halo magnético como un aroma que envolvió y sumió en un estado de letargo a todo aquel que tuvo la dicha de presenciar la visión irreal de aquella mujer perturbadora. Fue un momento eterno interrumpido por la aparición de otra chica a la que no vi, no porque no quisiera, sino que había otra razón y es que la imagen de aquella mujer se había quedado en mi cabeza, era una sensación que me inquietaba, mas de lo que hubiera querido, para la cual solo habría una solución tanto idónea como peligrosa, pero a fin de cuentas, la adrenalina en mis venas y la emoción de mi corazón me obligaron a abandonarme y dejarme conducir por el azar de aquel destino incierto.

Apuré el contenido de la copa en mi mano y salí del lugar. Me sorprendió la belleza y tranquilidad de la noche cubierta de estrellas, largo rato permanecí inmóvil contemplándolas, absorto en los presentimientos y premoniciones de que no podía haber una noche tan perfecta como aquella, para iniciar el idilio mágico entre dos personas que solo se habían visto un instante en medio de las penumbras y el humo de aquel bar inhóspito, pero que se habían reconocido a través de ese entrecruzamiento de miradas y percibieron en ellas el amor reciproco de dos almas destinadas a conocerse y estar juntas hasta el final de sus días.

Decidí esperarla, no importaba cuanto tiempo, porque no había otro lugar a donde ir y porque además no quería ir a ningún lado sin antes volver a verla. Muchas personas pasaron antes de que la viera salir de ese lugar, tan indigno de ella. Parecía otra. Lucía totalmente diferente. La miré acercarse. La luz de la luna llena me permitió observarla con mayor claridad y con un detenimiento que a cualquier otra mujer hubiera molestado, pero que al contrario de lo que pensé, a ella parecía agradarle. Llevaba un vestido rojo que dejaba al descubierto la excelsitud de un vientre plano que enmarcaba la silueta de un cuerpo perfecto. Admiré su rostro, sus labios rojos y carnosos que me parecían el principio de un camino hacia el placer, aquellos ojos negros lucían aun más bellos resaltados por unas pestañas largas y rizadas y unas cejas delineadas finamente como por las manos de un artista, y que sin embargo seguía percibiendo en ellos el mismo sentimiento de tristeza, de recuerdo por la nostalgia de un pasado mejor. Era una mujer bellísima rodeada por un aura de misterio y soledad. No pudo seguir soportando el peso de mi mirada, le sonreí y decidí acercarme, al hacerlo, me percate de que reconoció en mi a la persona que la había contemplado antes con inocencia, casi con ingenuidad y en cuyos ojos percibió el brillo de un sentimiento que no reflejaba malicia, mas bien extrañeza de que una mujer como ella necesitara bailar en un lugar como aquel.

Tenia 23 años y dijo llamarse Marcia, hasta hoy no he comprobado si dijo la verdad o fue una mas de las cosas que me quiso ocultar. Charlamos varios minutos sobre cosas superficiales, banales, porque entendí que era mejor no saber todo de ella y además parecía no estar dispuesta a contarme nada acerca de su vida. A decir verdad yo era feliz con el simple hecho de estar cerca de ella, escuchando su voz, aspirando su aroma, contemplándola solamente, y es que era muy difícil estar a su lado sin enamorarte, toda ella era un alarde de belleza y sensualidad inquietante, una imagen que percibían tus ojos y penetraba hasta lo mas profundo de tu mente, llegaba a tu alma y sabias que seria imposible sacarla de allí. Era inevitable voltear a verla cuando caminaba, sus formas sugestivas y sus caderas provocaban, a todo aquel que la quisiera ver, los pensamientos mas negros y perversos que la conciencia pudiera crear y hasta en las mujeres ejercía tal magnetismo que tenían que hacer un gran esfuerzo para no demostrar el deseo que en ellas despertaba.

No fue difícil convencerla de que me acompañara a mi departamento, entre los dos había surgido tal atracción que ya era imposible contenerla, aunque parecía que decidió ir conmigo solo porque en cada acción y palabra le demostraba una idolatría tan grande que la hacia sentirse muy especial, la trate con dulzura, sin lascivia, para mi no representaba la imagen de una mujer pecaminosa que se desnudaba por dinero, por el contrario a mi me parecía una chica normal, totalmente libre, sin inhibiciones ni ataduras que la condicionaran a la rigidez de una vida convencional. Ella se dejaba llevar por el momento <<< la vida es hoy no mañana, así que tratemos de disfrutarla sin importar lo que el tiempo traiga después >>> me dijo un día y para mí fue como un bálsamo que calmo momentáneamente mis temores e inseguridades.

Entonces nos encontramos solos en aquella habitación a media luz, descubriendo el máximo placer creado para un hombre y una mujer. Lo disfrutamos varias veces, llegando a un éxtasis que nos hizo desfallecer y cuando la falta de energía corporal nos impidió seguir amándonos, nos entregamos a una profunda adoración de nuestros cuerpos, conociéndonos por medio del tacto, del olfato, del gusto, de la vista. Purificando nuestras pieles con las caricias, limpiamos nuestras almas con los susurros dichos al oído, en los que nos prometíamos lealtad eterna. Y cuando todo terminó éramos dos seres que se pertenecían, que habían olvidado su pasado, y no tenían más las cicatrices producidas por las fornicaciones de tantos encuentros sexuales anteriores al amor.

Sin embargo, lo que parecía ser la felicidad perfecta, no lo fue así, porque me despertó el frío de una cama sin compañía. Se había ido. Yo esperaba una despedida que no me dio. El sueño parecía haberse terminado.

Decidí buscarla y de nuevo me vi sentado en un rincón de aquel bar. La observé bailar y despertar las pasiones. La esperé en el mismo lugar y allí mismo llegó, todo se repitió tal y como la noche anterior y por un instante tuve la impresión de vivir un momento repetido, pero no quería experimentar, otra vez, la sensación contradictoria de tenerla despierto para luego perderla dormido.

Le ofrecí un amor intenso, dedicarle todo mi tiempo, llegue a confesarle el profundo enamoramiento que había despertado en mi corazón frío, pero no fue suficiente para ella. Me dijo que me quería, pero adoraba la libertad de vivir sin más dueño que la necesidad de sentirse admirada, y aunque busqué las razones que la motivaban a ello, no las encontré. Así que me tragué mi orgullo e hicimos el pacto de ser amigos, compañeros y amantes y vivir algo tan parecido al amor pero sin los problemas que genera este sentimiento, y sentíamos algo que podía ser amor y así lo queríamos creer, pero por dentro los dos sabíamos que definitivamente no lo era.

Ambos llevamos a cabo ese pacto que tenía más desgracias que alegrías, aunque era un precio muy alto, no nos importó. Yo quería que me amara, ella no quería hacerlo, porque no estaba acostumbrada a vivir la vida de esa manera, y sabia que de demostrar el amor que guardaba, podría convertirse en la rutina que arrasa con todo, esa rutina a la que tanto temía. Así que la indiferencia y frialdad que en ocasiones me daba, decía que eran necesarias para que el deseo creciera sin medida, y de esta forma decidimos continuar juntos, fingimos ser completos desconocidos al despertar y por las noches nos volvimos amantes compulsivos, sin refrenar nuestras pasiones conocimos el camino mas corto hacia la felicidad. Aunque no pretendía cambiarla, tampoco soportaba el sentimiento que me provocaba su libertad procaz y prefería tragarme mi arrogancia antes que perder la dicha de su cariño.

Ha pasado el tiempo, y hoy solo sé que esto es un tormento inicuo, inmerecido, pero ¿qué puedo hacer? La retribución es superior a la expiación que ofrezco a cambio de la ternura y afecto que me entrega cada noche. Y a pesar de que me he repetido muchas veces que esto no puede conducir a nada bueno y he tratado de terminar con este sentimiento, no he podido, es mas fuerte que yo, no puedo refrenar mis deseos, no soy dueño de mí y como todas las noches desde hace varios meses, estoy aquí de nuevo, invadido por la misma ansiedad que experimenté la primera vez que la vi bailar. No puedo esperar mas, siento la exasperación de los minutos, de cada segundo que pasa como si fuera el tiempo de los siglos interminables de una soledad irrisoria. Necesito verla, ansió que salga a cumplir con aquel rito que enloquece a todos. Entonces mi ansiedad termina. Las luces se apagan. Se ilumina el centro de la pista y ella aparece. Me dejo llevar por aquel magnetismo, me pregunto con que me sorprenderá esta noche, sabiendo que tendré el privilegio de revivirlo mas tarde, a solas, sin prisas, siendo nosotros los dueños de un tiempo que parece detenerse por la fuerza del amor, de nuestro deseo y soledad, por la idolatría que nos profesamos o tal vez por la dilección de nuestros corazones.

Lentamente la chica comienza la danza hipnotizante de delirio. Inicia otra vez la liturgia, el rito que invita al amor. Ella cumple una vez mas su sueño, todas las miradas se concentran en ella, de nuevo experimenta el deseo y las caricias imaginarias de aquellos espectadores. Entonces sucede, reconoce la energía vivificante que le brinda una vida sin cadenas, siendo dueña de su albedrío, goza de aquel éxtasis de libertad. Vuelve a sentirse libre… una vez más.

Ella por un momento observa a su publico, se conmueve con la exacerbación de los sentidos de aquellos incrédulos espectadores que la admiran y la ven inalcanzable, tal y como yo la veo ahora, como la he visto siempre desde el primer día.

La chica termina la evolución de movimientos y con ello disminuye su ansiedad febril, aunque solo sea por hoy y mañana aunque no lo quiera, esa misma ansiedad la arrebate de mis brazos con tal fuerza que tal vez nunca regrese a mi lado. Sé que algún día sucederá, pero mientras pase, seré feliz porque tendré la suerte de ser el único mortal que disfrute del amor de aquella diosa del placer.

AHE

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