La extraña a mi lado

20 julio, 2012 at 19:28 (literatura) (, , )

I.

Un hotel, un cuerpo y una despedida. Recuerdos, confusión y soledad. Son los únicos pensamientos que de ella le quedan, porque su presencia se convirtió en otro fantasma más que llegará a sus sueños sin anunciarse, sin que él lo espere y lo deseé. Y que le dejará el recuerdo difuso de una chica de la cual le será muy difícil recordar su rostro, y aunque la volviera a ver no la podría reconocer, en tanto que su mente se acostumbró a no guardar recuerdos; su corazón emociones y sentimientos.

Se despertó después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama, mirándose al espejo, se sintió convertido en un monstruo que solo vivía para saciar en el placer del sexo, su soledad congénita. Deseó dormir un poco más, pensando en que los minutos de sueño que le robaría a la mañana, le permitirían descansar y olvidarse de sus pensamientos. No pudo hacerlo. Sintió un insoportable dolor de cabeza, se levantó y fue al baño, pensando que una ducha desaparecería ese intenso dolor. El agua helada lo reanimó un poco, para dar paso al frío en su cuerpo que lo hizo olvidarse del dolor de cabeza; siempre fue así, buscaba sustituir las sensaciones que sentía por otras que inventaba. Se buscaba problemas para olvidarse de los que tenía, el mismo dolor lo hacía desaparecer provocándose uno nuevo.

Abrió el refrigerador buscando algo para comer, pero no halló nada, solo había un par de cervezas, verduras en descomposición, y comida en mal estado. No le sorprendió, puesto que desde siempre había sido así, no le preocupaba nada, incluso el procurarse un poco de alimento, su mismo departamento reflejaba el caos de su vida, que a veces se ordenaba un poco, no porque él lo hiciera sino porque dos veces por semana iba Marlene a hacer el aseo de su departamento, la mujer que su madre contrató y que en repetidas ocasiones había sido también su amante.

El ruido de la televisión lo distrajo, miró el reloj eran las 3:00 p.m. se quedó observándola por un momento, no era una actividad que disfrutara, solo le servía para pasar el tiempo, tan rutinaria se había vuelto esa costumbre que el televisor encendía siempre a esa hora, porque era cuando le gustaba despertar. Se sorprendió un poco al ver que había despertado antes de lo habitual, pero era solo una consecuencia de la gran cantidad de alcohol que había ingerido la noche anterior y que le provocó el dolor de cabeza que perturbó su sueño.

Al dar las 10:00 p.m. decidió continuar con su rutina, salió de su departamento, abordó un taxi que lo llevó a su lugar preferido, el bar de Rogelio, un antiguo compañero de la facultad, quien siempre lo recibía y atendía sin cobrarle nada, porque le gustaba tener alguien con quien conversar, aunque esa no era precisamente la mejor de sus cualidades, sabía sin embargo escuchar y para él, eso era suficiente.

Así era como transcurría su vida, buscando siempre algo, buscando siempre a alguien, miraba a las mujeres que acudían al bar, de inmediato descartaba a las que se encontraban acompañadas, su atención recaía en las que se encontraban solas, sabía que eran las que potencialmente podían terminar pasando la noche junto a él. Elegía a cualquiera, no importaba su apariencia, prefería sin embargo, a las que como él mostraran un aspecto solitario, la experiencia le había enseñado que eran las que presentaban el menor peligro para su estabilidad emocional, porque no tendría que preocuparse por lo que pudiera pasar después, no buscaba tener un apego emocional, y con ellas sabía que saciada la pasión, el único precio que tendría que pagar sería solo otro recuerdo que acrecentaría su sensación de soledad; un precio duro pero siempre terminaba pagándolo, a pesar de que le hacía recordar la peor de sus vivencias; el sentirse ignorado por todos y querido por nadie, lo llevó a buscar afecto en personas equivocadas, arrojándolo al profundo abismo de la incertidumbre del amor, donde nada era seguro, solo la certeza de que eso podía acabar en cualquier momento, aun sin mostrar señales de ello, y arrancar de tajo las ilusiones de los amores irrisorios, esos que busca tanto y a los que está tan habituado.

No le quedaba claro como inició con esa vida, solo recuerda que hace mucho tiempo, experimentó el vago placer del sexo sin amor, en un cuarto frío y sucio, en un lugar oscuro, bajo un techo desconocido, encima de una mujer sin nombre que aceptó el dinero que él ofrecía a cambio de soportar sus caricias. A través de los años ha tenido muchos encuentros como ese, han sido tantos que considera que es el único tipo de amor, que puede existir entre dos personas.

En medio del silencio de otra madrugada fría, se despertó y no encontró nada que lo hiciera sentir feliz, solo sintió la soledad que ha padecido desde hace mucho tiempo, una sensación que cada día crecía más. Aunque ante los demás intentaba esconderla, era inútil. Sin embargo cree que es un sentimiento al que se ha acostumbrado, ha olvidado cuándo fue la última ocasión en que vivió instantes felices, y también, cuándo fue que sus acciones no fueron guiadas por la depresión, a veces ha sentido algo más, como una mezcla de sentimientos desagradables que muchas veces no sabe definir bien: enojo, melancolía, apatía, desilusión. Pero sabe que como regla general desembocan en uno solo, más grande y más difícil de soportar, un sentimiento que es ya inherente a él, llamado soledad, y que hoy, a sus 28 años, tiene una duda acechante que lo invade, y ésta es, la certeza de saber que pase lo que pase, sin importar lo que haga o lo que pueda vivir después, aun y cuando alcanzara sus sueños o la felicidad completa junto a alguien a quien pudiera amar, siente que la soledad nunca se irá, estará siempre conviviendo con él, esperando el momento en que, terminado todo, la busque como el refugio de su ser, porque en ese lugar es muy difícil que sus miedos lo puedan acompañar, y al menos, por un instante pueda liberarse y olvidarse de ellos.

Está consciente de sus limitaciones y carencias afectivas, sabe poco de la vida y del amor, porque la experiencia rutinaria le ha hecho entender que al final de cada instante feliz, siempre lo estará esperando el vacío melancólico de siempre, para invadirlo y golpearlo con la fuerza necesaria, hasta que al fin entienda que debe salir de esa vida perniciosa, triste y miserable que se ha buscado sin quererlo, ni anhelarlo.

En medio de su larga introspección, le ha visto por fin la cara a su realidad, un vistazo en ella, lo hizo comprender la inmensidad de un mundo frio e insensible que se le viene encima. En madrugadas como esa en las que despierta lleno de desolación,  analiza su vida, se siente cansado por el hastío, piensa que es demasiado, más de lo que un hombre como él puede soportar y quisiera tirarse a dormir un día entero para olvidarse de todo, se pregunta por qué la soledad le duele tanto, que hasta le produce placer.

Pero a últimas fechas, le pasaba una cosa extraña. Aunque siempre fue bueno para seducir chicas, no era eso lo que lo atormentaba, solo deseaba entender por qué se había transformado en la persona que más detestaba ser, su padre. De quien había aprendido poco, solo lo peor de él, heredó la arrogancia de sentir que podía conseguir placer con cualquiera, por el simple hecho de desearlo. ¿Seria la soledad el justo precio que debía pagar, al haber sido criado en una total ausencia de amor y de respeto consigo mismo y con los demás?

II.

Transcurriendo su vida entre bares y soledad, esa rutina habitual que tanto disfrutaba, un día su mundo comenzó a girar, Rogelio le comentó que desde días atrás, una mujer preguntaba por un hombre, la descripción encajaba con él, se refería a un tipo taciturno que cada noche se le veía acompañado por una mujer diferente, él jamás mencionó que conociera a una persona como la que ella buscaba, sabía que él no deseaba de ellas más que una relación de una noche, sin embargo, la habitual insistencia de aquella mujer lo obligó a comentárselo, contrario a lo que supuso, su comentario no provocó en él ni la mínima sensación de curiosidad. Quien quiera que sea, estoy seguro de que no la recordaré. Pensó, y trató de no darle importancia a lo mencionado por su amigo.

Aquella misma noche, se acercó una mujer, eso no tenía importancia porque estaba habituado a ello, no eran pocas las que se acercaban atraídas por su aspecto, buscando algo, conversación o simplemente unos tragos, pero la que se presentó aquella noche era diferente a las demás, se distinguía no solo por su belleza, si no por su elegancia.

—Hola, sé que no me recuerda, pero hace unos meses estuve en este lugar, pasaba por una situación muy difícil y decidí entrar a tomar algo y olvidarme por un momento de los problemas que me atormentaban,  ­­­­— La voz que surgió de ella, denotaba la ansiedad de quien por fin encuentra lo que estaba buscando.

—Cuando estaba a punto de retirarme, se acercó a mí y me invitó una copa, dudé en aceptarla, pero necesitaba hablar con alguien, así que dejé que lo hiciera, sé que no recuerda nada de lo que comenté aquella noche y es lo mejor, “siempre es conveniente no saber mucho del pasado de las personas”, fueron las palabras que pronunció cuando quise saber algo sobre usted.

—Ahora, estando aquí, he roto la promesa que le hice, me pidió que no lo buscara y olvidara lo que vivimos aquella noche, pero no pude, porque su recuerdo acude a mí, mis sueños están llenos de su presencia, aun resuena su voz en mis oídos, todavía tengo la impresión de sus labios sobre mi cuerpo, sé que lo prometí, sin embargo aquí estoy, vine atormentada por la añoranza. Sé que me olvidó porque prometió buscarme y no lo hizo. — Las últimas palabras sonaron como un reproche que él no estaba dispuesto a aceptar.

—Prometo muchas cosas para obtener lo que quiero, así es como soy.  Tú también conseguiste algo, querías a alguien que escuchara tus problemas, y… — por un momento dudó en decirlo.

—¿Y qué? —preguntó ella.

—Y te brindara placer— dijo al fin. — Al menos en eso te cumplí. — Agregó con voz cínica.

—¿Alguien te ha dicho que eres muy bueno en eso? —preguntó en forma provocativa, ya sin la timidez del principio, confiada de que no sería rechazada.

—Todas lo dicen, si no con palabras, al menos con las señales inconscientes de sus  cuerpos.

—Yo no te busqué por eso.

— ¿Entonces qué fue lo que te motivó a buscarme?

— Porque percibí en ti una soledad que te has cansado de llevar, a mí me pasa lo mismo, por eso estoy aquí, para que la compartamos y dejemos de vivir cada uno en soledades individuales­.

—¿Qué te hace pensar que quiero compartirla contigo? Es cierto que eres una mujer hermosa, pero eso no es suficiente.

—Sé que puedo hacerte feliz si me dejaras acercarme a ti… —Su voz sonaba ansiosa y no quería que él lo notará, pero en su mirada percibió un cierto brillo que le demostró que no le era indiferente su propuesta, así que antes de que él pudiera decir algo, ella habló primero, liberando las palabras que había buscado decir desde el principio.

—Te propongo conocernos, jugar a enamorarnos, si se presenta la ocasión, amarnos profundamente, y si no funciona o no soy lo que buscabas, siempre nos quedará el recurso del olvido.

Fue todo lo que ella dijo, no pudo decir más, no importó, su argumento sincero le bastó para entender cuánto tiempo había estado buscándolo.

Él no dijo nada en ese instante, ni mostró reacción alguna ante aquellas palabras, pero por dentro analizaba las implicaciones de esa propuesta. Jamás lo había querido aceptar, pero desde tiempo atrás deseaba tener la oportunidad que ella ahora le brindaba, ansiaba conocer a alguien, preocuparse por ella, y sentir que alguien más lo hacía por él, aunque solo fuera un bálsamo que momentáneamente aliviara las cicatrices que la soledad le había marcado profundamente en su alma. La verdad él deseaba que se borraran para siempre y con ello muriera una parte de su ser, con la que había aprendido a vivir, de la misma forma que se aprende a tolerar un pequeño dolor. Al principio no le dio importancia, pero con el transcurso del tiempo comenzó a hacerse insoportable, porque sin darse cuenta invadió totalmente su pensamiento y cuando intentó terminar con ello, fue demasiado tarde, no lo pudo lograr, lo peor es que pensó que si lo hacía, la marca que dejaría sería mayor que el daño mismo; sentía temor de que la secuela pudiera ser más lastimera que la enfermedad que la causó.

La soledad que ha definido su vida y que ahora quiere alejar, encuentra que es muy difícil, ha echado raíces muy profundas en él que sabe que le costará trabajo quitar, porque están tan impregnadas en su alma que al quitarlas invariablemente le causarán un dolor muy amargo, es por eso que siente temor.

—Tal vez sea un error que te deje entrar a mi vida, quizás de mí solo consigas dolor y olvido, incluso aunque te esfuerces puede que yo nunca sienta nada por ti, solo el deseo natural que se siente por cualquier mujer. —Respondió al fin, tras salir de su profunda introspección que ella supo respetar.

—Yo me he dado antes la oportunidad de conocer y vivir el amor aunque también eso conlleve un poco de dolor, pero por tus palabras entiendo que tú nunca te has dado la oportunidad de amar a nadie, no tiene por qué ser así, todos debemos vivir el amor al menos una vez, aleja tus profundos miedos y deja de dudar, si no puedes lograr sentirlo conmigo, no te preocupes, yo sabré entender. Si al cabo de un tiempo no consigues quererme, entonces me alejaré, sin reproches, y podrás ejercitar eso que muy bien conoces: el olvido.

Fue una respuesta concisa, ella era una persona directa a la que no podía evitar con sus rodeos, con sus engañosas respuestas. Así que sin pensarlo más, decidió liberarse de sus cadenas y se lanzó a ciegas a un posible abismo.

—Siempre he llevado mi vida de forma segura, sin riesgos de ningún tipo, pienso que el amor es un mal innecesario, enloquece y hace sufrir cuando no es recíproco, pero sé que tú lo has vivido y no has dejado de buscarlo, puede que sea yo quien tenga un concepto erróneo del mismo. Nunca lo he tomado en serio, puede que deba hacerlo, nada daña tanto como la soledad, si a ella he sobrevivido, también podría hacerlo al amor, no es garantía de que te pueda llegar a amar, pero eres una mujer atractiva e interesante y me gustaría conocerte seriamente.

Lo anterior lo había dicho mirándola a los ojos, pero más que mirándola a ella, se estaba mirando a través de ella, reflejándose en sus ojos, eliminando sus dudas y dándole a conocer uno de sus miedos: amar con el temor de no ser correspondido.

—Muy bien­—Contestó ella, —ahora deseo conocer algo más de ti, tu amigo, el dueño de este lugar, no pudo o no quiso decirme nada­.

—¿Qué deseas saber?­—Inquirió él.

—¿Qué haces además de pasar las noches aquí? ¿Tienes algún empleo? — Preguntó ansiosa.

—Eso lo irás conociendo con el paso de los días, prometo contarte todo, pero yo tengo una pregunta, pocas veces la hago, pero contigo será inevitable—guardó silencio por un instante, dio un tragó a su copa y mirándola nuevamente a los ojos, preguntó— ¿Cómo te llamas?­

—Me llamo Sofía…—Quiso decir algo más, hacerle un reproche, pero lo evitó… porque le había dicho su nombre la primera vez que se vieron, incluso él lo había susurrado mientras le hacía el amor, pero como todo lo que pasó esa noche, él lo había olvidado. Era algo que ella pronto comenzaría a entender.

—¿Cuál es el tuyo?—Se limitó a devolverle la misma pregunta. Entendía que debía actuar con cuidado o solo conseguiría que él se alejara, como siempre, como con todas.

—Martín —Fue su parca respuesta…

III. 

Otro hotel, la misma piel, pero esta vez el encuentro contrastó en que no hubo despedida como antes, solo un poco de nostalgia. Aunque de ella le quedaban pocos pensamientos tal vez difusos, pero la recordaba, después de besarla, la sintió igual que la primera vez, era una piel que no había olvidado, eran besos que tenía presentes, su presencia dejaría de ser ese fantasma que llegaba a sus sueños y lo torturaba, porque la miró y la pudo reconocer, era el mismo rostro que llegaba a sus sueños y lo encontraba  en él, su mente guardó ese recuerdo, su corazón alojó por primera vez una pequeña emoción.

Cada noche, por los últimos tres meses, siguieron frecuentándose, se habían reunido en el bar, luego cenado, y como siempre después de cada cita, terminaban en su departamento haciendo el amor. Esa convivencia habitual que había mantenido con ella, estaba dando frutos, su paciencia, su ternura y su alegría sin igual, estaban transformando su forma de ser, cambiaban cada momento su manera de concebir la vida, había comenzado a odiar su soledad y le había despertado un hambre de quedarse y de amarla de forma intensa, estaba cansado de ser una constante despedida y una eterna ausencia, a su lado entendía que no siempre debía ser así, sus miedos estaban justificados entonces, si no se dejaba conocer además de ser por el miedo, era porque algo dentro de él le indicaba que tantas otras no eran las indicadas, y el desgaste sufrido en tantas noches, desahogando la soledad en cuerpos desconocidos, eran una expiación necesaria, a fin de estar libre de ese vacío que se había formado como protección y barrera ante quien deseará acercarse a él.

No conoce el amor y no sabe si a eso que lo invade pueda llamarlo así…

Las mañanas han sido desde entonces diferentes, a causa de ese sentimiento que poco a poco ha ido creciendo dentro, casi sin darse cuenta. Y es que a cada momento que piensa en eso que otros llaman amor, la imagen de Sofía llega a su mente instantáneamente, provocándole un sentimiento contradictorio, sus prejuicios son tan grandes que no sabe cómo deshacerse de ellos, son fuertes y difíciles de olvidar, aunque por primera vez, está dispuesto a convencerse de que es capaz de dar amor a otra persona, y es también capaz de recibirlo.

IV. 

Después de un sueño reparador se despertó temprano al día siguiente, solo que este amanecer fue diferente, ya no sintió la misma desolación de siempre, el mismo vacío perturbador que lo laceraba y que lo hacía huir cuanto antes de otras mujeres, de tantos  brazos desconocidos. Esta vez con ella, experimentó una sensación de plenitud. Por un instante, se sintió feliz. La miró. Ahora ella dormía. Pensando en algo que lo inquietaba por ser un sentimiento desconocido, al tenerla tan cerca, sentía la urgencia de abrazarla,  besarla y descubrir lo que su alma guardaba para él. La besó tiernamente, y se quedó dormido de nuevo, no lo supo entonces, pero se había comenzado a enamorar.

Al cerrar los ojos, su imagen aparecía entre sueños, comprendió que mientras más deseaba no pensar, mayor era el recuerdo que lo embargaba. Era la imagen de un tenue amor que crecía. Ahora había encontrado a la persona idónea, su rostro coincidía con la imagen de sus sueños, era una premonición que le indicaba que había alguien buscándolo y que solo necesitaba dejarse encontrar. El sabía que esa sensación de plenitud, difícilmente podría encontrar en alguien más.

—¿Has tenido muchas mujeres en tu vida? —Preguntó esa noche.

—Sí, pero han sido tantas, que no las recuerdo bien, con frecuencia eran solo la sombra de alguien que desaparecía sin hacer ruido por la madrugada, entonces nada me quedaba, solo el aroma de las despedidas prematuras y un amargo recuerdo con el que debía lidiar, por eso me volví experto en olvidar. — Respondió.

—Aunque las otras mujeres jamás significaron nada. — Repuso a modo de defensa.

—No mientas, alguna huella deben haber dejado.

—Ninguna, solo la de la soledad y alguna cicatriz interna en el corazón, que limitaban el amor.

—Se sincero conmigo.

—Lo soy. Con frecuencia busqué en ellas lo que no tenía en mí y era una tontería querer recibir lo que yo no podía ofrecer, y un día entendí que si daba mi soledad y entregaba mi vacío interno, solo eso recibiría. Solo coseché soledad en cada cuerpo que se entregaba a mí, en aquellas mujeres tan solitarias, inclusive más que yo.

— ¿Disfrutabas las noche así, en medio de esos encuentros furtivos? —Cuestionaba tratando de entender cómo había sido su vida antes de que llegara ella.

—Era el único tipo de cariño que había recibido, el único tipo de amor que conocía, ni siquiera sé si a esos encuentros se les puede llamar amor. Solo estaba presente el deseo y cuando este se terminaba, no había un lugar, ninguna mujer que contuviera mi soledad, por eso huía sin dejar huella en la vida de nadie.

—Debe haber sido difícil afrontar la vida de esa manera.

—Todo en la vida es costumbre, y si no recibes amor, te acostumbras a vivir así. No disfruté nunca de esa vida, pero era lo único que tenía, y por eso me aferraba a ella, era un simple naufrago desesperado que se aferraba a lo que tiene cerca para no hundirse, aunque con el tiempo, eso termina por sumergirnos más. Así fui yo antes de conocerte, me adentré en una oscuridad que no merecía. Había escuchado historias del amor, del sexo motivado por ese sentimiento, y a tu lado, he comprobado que es diferente.

—No intentes mentir para halagarme. — Expresó un tanto molesta.

—No, ya sabes lo que siempre han dicho del sexo, que es diferente cuando…

—¿Cuándo?

—Cuando quieres a alguien. Nunca había querido a nadie… hasta ahora.

Con un beso selló sus labios, esa breve charla le bastó a ella para saber que había conseguido penetrar la dura barrera de su soledad. Su paciencia rindió frutos, se había ganado su corazón, porque siempre supo que el amor es más un acto de lucha, de perseverar, de estar, de entregarse incondicionalmente sin forzar, de no desfallecer incluso en los días más grises del desencanto. El amor es armarse de valor y encontrar en una persona ordinaria virtudes, e inclusive defectos, que convirtieran a ese alguien en especial.

Él, ahora comprendía que la que un día fue la extraña a su lado, se convirtió en la mujer destinada, con la que se despidió de sus miedos, en quien desvaneció una melancolía insulsa y junto a quien aprendió a amar.

Supo entonces que el tiempo infinito de su soledad, había por fin terminado.

AHE

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Noche de seducción.

30 septiembre, 2010 at 1:39 (Sin categoría) (, , , )

 

Dos cuerpos apasionados en medio de una habitación iluminada solo por la luz de dos velas que se consumen con lentitud, descubriendo sensaciones, sabores, olores, placeres insospechados, gozo, lujuria, satisfacción, sensualidad, emociones que se funden en nuestro interior, impregnadas en nuestra piel. Lentamente comenzamos el juego de la seducción. Beso tus labios, aspiro tu aliento reconozco el sabor de tu boca, tu lengua, tu saliva, bajo por tu cuello, te siento estremecer, recorro tu nuca, tu oído izquierdo, acaricio tu espalda, jugueteo con los botones de tu blusa, mientras comienzas a liberarte de tus inhibiciones, dejando atrás tus manías, deseando fundir tu cuerpo con el mío, mezclando nuestros sudores. Tu ropa cae al suelo llevándose consigo tus prejuicios y temores.

Contemplo tu cuerpo desnudo admirando tu extraordinaria belleza, eres una chica tan hermosa que justo seria decir que ya no se puede más. Me miras y me doy cuenta de que percibes mis pensamientos, sabes que te idolatro, te idealizo, que me hipnotizas, entonces entiendo que las palabras son innecesarias, que mi mirada es el perfecto vinculo de comunicación que transmite todo lo que por ti siente mi corazón.

 

Mis manos tocándote, nuestras pieles desnudas, mis besos encendiéndote, tratan de vencer tu casi nula resistencia, luchando contra tus ideas que no te permiten liberarte, que te esclavizan, debes tomar la difícil decisión entre continuar y detenerte, entre la inocencia y la experiencia, en seguir siendo niña o dar paso a la mujer que ansiosamente quiere manifestarse en ti, pidiendo la oportunidad de que la dejes salir y se convierta en tu esencia, la dulce sensualidad de mujer que llevas, sin saberlo en tu interior, y que me ha llevado por caminos que me hacen perder la cordura y la razón, que vuelven loco a este hombre solitario que te ama con intensa pasión.

Es un instante en el que te siento completamente, eres parte de mí, desearía entonces poder detener el tiempo y hacer de este momento algo eterno, pero es imposible, me invade una explosión intensa, un temblor de tierra, te observo detenidamente y me pregunto si sentirás lo mismo, aunque se que es algo que no hace falta, todos tus gestos te delatan, tu cuerpo se contrae en un primer éxtasis y por un momento alcanzamos el paraíso sin proponérnoslo. Pero es solo un instante, aunque es el tiempo suficiente para saber, que a pesar de que no lo quiera aceptar, ya nunca más podré separarme de ti.

Cierras los ojos, fingiendo dormir, te observo de manera absorta, luces tan vulnerable, que se que no podré tocarte mientras estés dormida, porque perturbaría tus sueños, y me perdería de ellos, y entonces mi imaginación cesaría y no tendría nada nuevo que descubrir en tus largos periodos de introspección, de duda, de ira o de amor.

AHE

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