RECUERDOS

4 marzo, 2011 at 23:45 (Sin categoría) (, )

Subo el volumen de la radio al escuchar las primeras notas de aquella vieja canción. Ha comenzado a anochecer y hace frió, no puedo esperar otra cosa en esta noche de invierno. Estoy sentado junto a Erika, mi esposa, frente a una chimenea encendida que no me proporciona tanto calor como su compañía; es con ella con quien he compartido noches completas de una vida entera. Instintivamente la miro, los ojos cerrados, la respiración tranquila, me cautiva su aspecto dulce e inocente, me vuelvo a sentir nuevamente enamorado, como en aquel lejano primer día. Quisiera despertarla, quisiera que escuchara esa canción, aquella que bailamos el día en que comprendí que era ella la respuesta a todos mis sueños.

En su rostro dormido se marca una tenue sonrisa, como si presintiera que pienso en ella, a mi pensamiento  llega un  recuerdo, una resonancia que ha vivido en nuestras mentes durante muchos años, en forma de una dulce canción de amor.

<<baila para mi, no pares no, baila para mi y nos sorprenderá el sol>> pronuncio las palabras de la canción que escucho en la radio, las susurro en su oído, con delicadeza y dulzura, pero a la vez con la intención vehemente de despertarla. No lo hace. Y yo ceso en mi empeño al observar su cuerpo frágil y el candor que de ella emana. Debo dejarla descansar, lo necesita y lo se muy bien; el doctor me  ha dicho que su enfermedad le permite muy poco reposo y que cuando pueda debe descansar muy bien. Pero es que realmente desearía que recordara lo que yo recuerdo, que sintiera lo que ahora revivo, que reviviera lo que ahora siento.

Son pocos los recuerdos que aun conservo en mi mente, el tiempo se ha llevado uno tras otro, lentamente, y solo me ha dejado uno muy especial, el mejor de todos,  sigue siendo tan real que pareciera que no ha terminado todavía. Mi mente se detiene en él y comienzo a divagar… cierro los ojos y mi sueño se comienza a recrear.

Escucho música suave, tan lejana que parece no existir en este instante y fuera solo el murmullo de un sonido guardado en el tiempo. En un lugar a media luz, donde dos siluetas se unen en un abrazo, y bailan juntos disfrutando de la canción y de su mutua compañía, él le dice al oído a ella que por siempre juntos estarán y que este momento nunca de sus mentes se podrá borrar. Entonces me reconozco en esa persona y la reconozco a ella también, rodeando mi cuello con sus brazos, sus ojos me miran fijamente y percibo en ellos el brillo que refleja un amor que nació para no terminar jamás. Estrecho su cintura con mis manos, aspiro el perfume de su piel, el aroma de su pelo que me envuelve, el vaivén de su cuerpo que se mueve lenta, cadenciosa, sensualmente y ese ritmo subyugante provocan en mi un estremecimiento que viaja por mi sangre y recorre todo mi cuerpo. Es un mareo de amor, ocasionado por la emoción de tenerla entre mis brazos, que me hace sentir el frenesí que nubla mis sentidos y lleva mi ser a un lugar donde solo existimos los dos y en donde solo necesito su compañía para ser feliz.

En la radio, la canción termina, y junto a mi, en ese momento, ella despierta, diciéndome que creyó escuchar entre sueños, aquella canción que dio inicio a nuestro amor, y nos soñó juntos, abrazados, reviviendo el sentimiento que surgió en nosotros hace muchos años. Entonces compruebo, una vez más, que nuestros pensamientos son solo uno, en dos cuerpos distintos.

Me pongo de pie y voy hacia el desván, donde sé que encontraré lo único que necesito para revivir lo que ella soñó. La cinta donde quedó grabada la melodía de nuestro infinito amor. Con pasos lentos, cansados, casi perdidos, regreso a su lado, arrastrando una vejez que me permite hacer muy pocas cosas ya, pero con el ánimo renovado en mi corazón lleno de amor. Y mientras espero que de la radio surjan las primeras notas, tomo su mano delgada y casi tan pálida y débil como la mía, haciendo que se ponga de pie, llevo mis manos hacia su cintura al tiempo en que sus brazos rodean mi cuello. La canción comienza. Y con ella, la reafirmación de nuestro amor. Aunque los años se hayan llevado nuestra vitalidad y hayan dejado marcas en nuestros cuerpos, las almas siguen intactas, manteniendo vivo el sentimiento que nos unirá hasta el final de nuestros días.

Entonces nos vemos con detenimiento, somos dos cuerpos marchitos, que al bailar medio abrazados, medio sonrientes, buscaremos la nostalgia de un momento mágico que solo se repetirá en las memorias imborrables de nuestros corazones.

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